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Misioneros Combonianos del Sagrado Corazón de Jesús

Los Misioneros Combonianos son un instituto misionero internacional de sacerdotes y hermanos, fundado en 1867 por San Daniel Comboni. Tienen como finalidad exclusiva la evangelización entre los pueblos donde la verdad de Jesucristo no ha sido aún anunciada o donde necesita consolidarse. Proclaman, anuncian el Evangelio y colaboran en el desarrollo de los pueblos.

El Instituto realiza su finalidad enviando sus miembros adonde se requiere una actividad misionera conforme al carisma del Fundador, fomentando la consciencia misionera del Pueblo de Dios, promoviendo las vocaciones misioneras y formándolas para la misión.
Según la inspiración del Fundador, el Instituto se compone de sacerdotes y hermanos. Esta particularidad realiza más plenamente el carácter eclesial del Instituto y hace más fecunda su actividad y complementariedad de los servicios.

Pequeño cenáculo de apóstoles

Tras intentar implicar a varios Institutos en la realización de su «Plan», Daniel Comboni se ve obligado a fundar en Verona, el 1º de junio de 1867, el «Instituto para las Misiones de África»: un pequeño grupo de sacerdotes y hermanos de diversas nacionalidades, unidos por un juramento de pertenencia y de fidelidad a la misión.

A la muerte de Daniel Comboni (1881) se produce algo de desconcierto entre los cardenales y los obispos interesados en su misión. En cambio sus misioneros y religiosas, lo mismo los que se encuentran en Italia que aquellos que estaban en Egipto y en Sudán, saben afrontar con gran determinación ese trágico momento. No obstante, en los primeros años se ven zarandeados por turbulencias y sometidos repentinamente a una dura prueba. Ya en 1882 tropas sudanesas guiadas por Mohamed Ahmed, que se había proclamado «el Mahdi» (o sea, «el bien guiado», descendiente de Mohama), saquean las misiones, hacen prisioneros a todos los misioneros y misioneras, y los obligan a caminar descalzos durante semanas y meses por la ardiente arena del desierto.

El primer sucesor de Mons. Comboni, Mons. Francisco Sogaro, se dedica a obtener su liberación; pero ésta sólo se completará en 1898. Entretanto en Italia, se piensa en estrechar los vínculos entre los misioneros, y entre éstos y sus superiores, para dar mayor estabilidad y una garantía de eficacia a la obra misionera, por lo que en 1885 el Instituto se convierte en congregación religiosa.
Los nuevos misioneros así reforzados y consolidados empiezan a volver a la misión. Van primero a Egipto (1887), y luego a Sudán (1900), donde tienen que reconstruir todas las misiones destruidas por los secuaces del Mahdi. Pero, no contentos con esto, se adentran al sur.

En el corazón de África

Los nuevos misioneros se llamaron «Hijos del Sagrado Corazón de Jesús». Y es que Comboni, gran devoto del Sagrado Corazón, había propagado la espiritualidad y las diversas devociones del mismo. Uno de esos misioneros, Mons. Antonio Roveggio, el segundo sucesor de Comboni, se adentra tan al sur de Sudán que casi llega a Uganda. Pero las fiebres truncan su vida: muere en 1902, a la joven edad de 43 años.
Corresponde a su sucesor penetrar en el corazón de África, entre las poderosas tribus de los Denka, los altos Shilluk y los laboriosos Bari. No faltaron las dificultades: en una región del Sudán Meridional llamada Bahrel-Gazal mueren en un año cinco misioneros, y otros tienen que pasar luego largos períodos en El Cairo o en Italia para restablecer su salud. Mons. Francisco Javier Geyer, tercer sucesor de Comboni, no se desanima por ello; al contrario, va todavía más al sur y en 1910 se encuentra en Uganda con un grupo de misioneros.

Progresos y dificultades del Instituto

Aunque según el deseo de Comboni los miembros eran de diversas nacionalidades, había dos grupos más numerosos: los italianos y los austro-alemanes. Por problemas relativos a aquel momento histórico, en la Asamblea General (o Capítulo) de 1919 decidieron una cierta autonomía de los dos grupos. Sin embargo la Santa Sede, después de escuchar el parecer del Superior General, P. Pablo Meroni, decide en 1923 dividir el Instituto en dos congregaciones misioneras. Su reunificación se realizó en 1979. Esta fue posible porque ambos grupos conservaron inalterada su identidad misionera y, sobre todo, el recuerdo de Comboni. El P. Pablo Meroni tiene el mérito de introducir en 1927 el proceso de beatificación de Daniel Comboni, el Fundador.

Expansión e internacionalidad

Será el P. Antonio Vignato, uno de los pioneros de las misiones en Sudán, el que se abra a otras naciones de Europa y de allende el Atlántico. Elegido Superior General en 1937, es consciente de las necesidades de las misiones de África, que entonces estaban bajo el dominio británico, y en 1938 abre una casa en Inglaterra. Ya establecido en ese país atlántico, lleva sus misioneros a los Estados Unidos (1939): necesitaba más personal de lengua inglesa y también ayudas económicas. Los hermanos de lengua alemana llegaron a Perú en 1938. Por idénticas necesidades de las misiones de Mozambique, donde se habla portugués, fue abierta una casa en el norte de Portugal (1947). Corresponde luego al P. Antonio Todesco, Superior General desde 1947 hasta 1959, estudiar las necesidades de las misiones de la costa americana del Pacífico, en la Baja California mexicana, en enero de 1948.
Pero ¿quién detendrá a los misioneros Combonianos? En 1952 le toca el turno a Brasil: primero en el norte, la parte más pobre del país, y más tarde en las «favelas» de las grandes ciudades del sur.

Habiendo conocido la pujante expansión de los Combonianos, la Santa Sede, por medio de Propaganda Fide, les pide que asuman también la responsabilidad de un territorio en el Ecuador, en Esmeraldas. Allí llegan en 1954 los primeros misioneros, y como algunos de ellos ya han estado en África, se encuentran a sus anchas entre estos negros, llamados «morenos». El personal de España (1954) viene a aportar una ayuda inestimable en estos países a causa de la lengua.

En crecimiento hasta el Oriente

A pesar de la expansión hacia el otro lado del Atlántico y hasta las orillas del Pacífico, África nunca quedó descuidada. Los primeros campos confiados a Comboni fueron Egipto, Sudán y Uganda, país este último a donde él no logró llegar, a pesar de su ardiente deseo.
Llegarían sus sucesores en 1910. Más tarde y por orden vendrían: Etiopía (1939), Eritrea (1942), Mozambique (1947).
En los años sesenta, también los territorios de lengua francesa: República Democrática del Congo -«ex Zaire», (1963), Togo (1964), Burundi (1964), República Centroafricana (1964).

Los hermanos alemanes estaban ya en Sudáfrica desde 1923.

En los años setenta, nuevas aberturas incluyen a Kenia, Ghana, Malawi, Chad y Benín en África, y Costa Rica en Latinoamérica.
En estos últimos años se ha consolidado la presencia en Centroamérica (Guatemala y El Salvador) y, a impulsos de los signos de los tiempos, también en Filipinas, Hong Kong y Macao, en Asia y en Oriente Medio.

 

Missionários Combonianos do Sagrado Coração de Jesus

Os Missionários Combonianos são um instituto missionário internacional de padres e irmãos, fundado em 1867 por São Daniel Comboni. Têm como objetivo exclusivo a evangelização entre os povos onde a verdade de Jesus Cristo ainda não foi anunciada ou onde precisa ser consolidada. Eles proclamam, anunciam o Evangelho e colaboram no desenvolvimento dos povos.

O Instituto realiza seu objetivo enviando seus membros para onde é necessária uma atividade missionária, de acordo com o carisma do Fundador, fomentando a consciência missionária do Povo de Deus, promovendo as vocações missionárias e formando-as para a missão.

De acordo com a inspiração do Fundador, o Instituto é composto por sacerdotes e irmãos. Esta particularidade realiza mais plenamente o caráter eclesial do Instituto e torna mais fecunda a sua atividade e complementaridade dos serviços.

Pequeno cenáculo de apóstolos

Depois de tentar envolver vários institutos na realização do seu “Plano”, Daniel Comboni vê-se obrigado a fundar em Verona, a 1 de junho de 1867, o “Instituto para as Missões de África”: um pequeno grupo de padres e irmãos de várias nacionalidades, unidos por um juramento de pertença e fidelidade à missão.

Com a morte de Daniel Comboni (1881), surge uma certa confusão entre os cardeais e bispos interessados na sua missão. Em contrapartida, os seus missionários e religiosas, tanto os que se encontravam em Itália como os que estavam no Egito e no Sudão, souberam enfrentar com grande determinação esse momento trágico. No entanto, nos primeiros anos, foram sacudidos por turbulências e submetidos repentinamente a uma dura prova. Já em 1882, tropas sudanesas lideradas por Mohamed Ahmed, que se autoproclamou “o Mahdi” (ou seja, “o bem guiado”, descendente de Maomé), saqueiam as missões, fazem prisioneiros todos os missionários e missionárias e os obrigam a caminhar descalços durante semanas e meses pela areia escaldante do deserto.

O primeiro sucessor de Dom Comboni, Dom Francisco Sogaro, dedica-se a obter sua libertação, mas isso só será concretizado em 1898. Entretanto, na Itália, pensa-se em estreitar os laços entre os missionários e entre estes e seus superiores, para dar maior estabilidade e garantir a eficácia do trabalho missionário, razão pela qual, em 1885, o Instituto se torna uma congregação religiosa.

Os novos missionários, assim reforçados e consolidados, começam a regressar à missão. Vão primeiro para o Egito (1887) e depois para o Sudão (1900), onde têm de reconstruir todas as missões destruídas pelos seguidores do Mahdi. Mas, não contentes com isso, avançam para o sul.

No coração da África

Os novos missionários chamavam-se «Filhos do Sagrado Coração de Jesus». Comboni, grande devoto do Sagrado Coração, tinha difundido a espiritualidade e as diversas devoções do mesmo. Um desses missionários, Mons. Antonio Roveggio, o segundo sucessor de Comboni, adentra-se tão ao sul do Sudão que quase chega a Uganda. Mas as febres interrompem sua vida: ele morre em 1902, com apenas 43 anos.
Cabe ao seu sucessor penetrar no coração da África, entre as poderosas tribos dos Denka, dos altos Shilluk e dos laboriosos Bari. Não faltaram dificuldades: numa região do Sudão Meridional chamada Bahrel-Gazal, cinco missionários morrem num ano, e outros têm de passar longos períodos no Cairo ou na Itália para recuperar a saúde. Dom Francisco Javier Geyer, terceiro sucessor de Comboni, não se desanima com isso; pelo contrário, vai ainda mais para o sul e, em 1910, encontra-se em Uganda com um grupo de missionários.

Progressos e dificuldades do Instituto

Embora, segundo o desejo de Comboni, os membros fossem de várias nacionalidades, havia dois grupos mais numerosos: os italianos e os austro-alemães. Devido a problemas relacionados com aquele momento histórico, na Assembleia Geral (ou Capítulo) de 1919, decidiu-se uma certa autonomia dos dois grupos. No entanto, a Santa Sé, depois de ouvir a opinião do Superior Geral, P. Pablo Meroni, decide em 1923 dividir o Instituto em duas congregações missionárias. A sua reunificação realizou-se em 1979. Isso foi possível porque ambos os grupos conservaram inalterada a sua identidade missionária e, sobretudo, a memória de Comboni. O P. Paolo Meroni tem o mérito de ter introduzido, em 1927, o processo de beatificação de Daniel Comboni, o Fundador.

Expansão e internacionalidade

Será o Padre Antonio Vignato, um dos pioneiros das missões no Sudão, quem se abrirá a outras nações da Europa e do outro lado do Atlântico. Eleito Superior Geral em 1937, ele está ciente das necessidades das missões na África, que na época estavam sob o domínio britânico, e em 1938 abre uma casa na Inglaterra. Já estabelecido nesse país atlântico, leva seus missionários para os Estados Unidos (1939): precisava de mais pessoal que falasse inglês e também de ajuda financeira. Os irmãos de língua alemã chegaram ao Peru em 1938. Por necessidades idênticas das missões de Moçambique, onde se fala português, foi aberta uma casa no norte de Portugal (1947). Cabe então ao P. Antonio Todesco, Superior Geral de 1947 a 1959, estudar as necessidades das missões da costa americana do Pacífico, na Baixa Califórnia mexicana, em janeiro de 1948.

Mas quem vai parar os missionários combonianos? Em 1952, é a vez do Brasil: primeiro no norte, a parte mais pobre do país, e mais tarde nas favelas das grandes cidades do sul.

Tendo tomado conhecimento da expansão vigorosa dos Combonianos, a Santa Sé, por meio da Propaganda Fide, pede-lhes que assumam também a responsabilidade por um território no Equador, em Esmeraldas. Lá chegam em 1954 os primeiros missionários e, como alguns deles já estiveram na África, sentem-se à vontade entre esses negros, chamados de “morenos”. O pessoal da Espanha (1954) vem a dar uma ajuda inestimável nestes países por causa da língua.

Em crescimento até ao Oriente

Apesar da expansão para o outro lado do Atlântico e até às margens do Pacífico, África nunca foi negligenciada. Os primeiros campos confiados a Comboni foram o Egito, o Sudão e o Uganda, país este último ao qual ele não conseguiu chegar, apesar de seu ardente desejo.

Seus sucessores chegariam em 1910. Mais tarde e por ordem viriam: Etiópia (1939), Eritreia (1942), Moçambique (1947).

Nos anos 60, também os territórios de língua francesa: República Democrática do Congo - “ex-Zaire” (1963), Togo (1964), Burundi (1964), República Centro-Africana (1964).

Os irmãos alemães já estavam na África do Sul desde 1923.

Nos anos 70, novas aberturas incluíram Quênia, Gana, Malaui, Chade e Benin na África, e Costa Rica na América Latina.

Nos últimos anos, consolidou-se a presença na América Central (Guatemala e El Salvador) e, impulsionados pelos sinais dos tempos, também nas Filipinas, Hong Kong e Macau, na Ásia e no Oriente Médio.

 

Comboni Missionaries of the Sacred Heart of Jesus

The Comboni Missionaries are an international missionary institute of priests and brothers, founded in 1867 by St. Daniel Comboni. Their sole purpose is to evangelize peoples where the truth of Jesus Christ has not yet been proclaimed or where it needs to be consolidated. They proclaim and announce the Gospel and collaborate in the development of peoples.

The Institute achieves its goal by sending its members where missionary activity is needed, in accordance with the charism of the Founder, fostering the missionary awareness of the People of God, promoting missionary vocations, and forming them for the mission.

In accordance with the inspiration of the Founder, the Institute is composed of priests and brothers. This particular feature more fully realizes the ecclesial character of the Institute and makes its activity and complementarity of services more fruitful.

Small cenacle of apostles

After trying to involve various institutes in the realization of his “Plan,” Daniel Comboni found himself obliged to found the “Institute for the Missions of Africa” in Verona on June 1, 1867: a small group of priests and brothers of various nationalities, united by an oath of belonging and fidelity to the mission.

With the death of Daniel Comboni (1881), a certain confusion arose among the cardinals and bishops interested in his mission. On the other hand, his missionaries and religious, both those in Italy and those in Egypt and Sudan, were able to face this tragic moment with great determination. However, in the early years, they were shaken by turmoil and suddenly subjected to a severe test. As early as 1882, Sudanese troops led by Mohamed Ahmed, who proclaimed himself “the Mahdi” (meaning “the well-guided one,” a descendant of Muhammad), ransacked the missions, took all the missionaries prisoner, and forced them to walk barefoot for weeks and months across the scorching desert sand.

Comboni's first successor, Bishop Francisco Sogaro, devoted himself to securing his release, but this was only achieved in 1898. Meanwhile, in Italy, consideration was given to strengthening ties between the missionaries and between them and their superiors, in order to provide greater stability and ensure the effectiveness of missionary work. For this reason, in 1885, the Institute became a religious congregation.

The new missionaries, thus reinforced and consolidated, began to return to the mission. They went first to Egypt (1887) and then to Sudan (1900), where they had to rebuild all the missions destroyed by the followers of the Mahdi. But not content with that, they advanced southward.

In the heart of Africa

The new missionaries were called “Sons of the Sacred Heart of Jesus.” Comboni, a great devotee of the Sacred Heart, had spread its spirituality and various devotions. One of these missionaries, Monsignor Antonio Roveggio, Comboni's second successor, went so far south in Sudan that he almost reached Uganda. But fevers interrupted his life: he died in 1902, at the age of only 43.


It was up to his successor to penetrate the heart of Africa, among the powerful tribes of the Denka, the tall Shilluk, and the hardworking Bari. There were many difficulties: in a region of Southern Sudan called Bahrel-Gazal, five missionaries died in one year, and others had to spend long periods in Cairo or Italy to recover their health. Bishop Francisco Javier Geyer, Comboni's third successor, was not discouraged by this; on the contrary, he went even further south and, in 1910, he met a group of missionaries in Uganda.

Progress and difficulties of the Institute

Although, according to Comboni's wish, the members were of various nationalities, there were two larger groups: the Italians and the Austro-Germans. Due to problems related to that historical moment, at the General Assembly (or Chapter) of 1919, it was decided that the two groups should have a certain degree of autonomy. However, after hearing the opinion of the Superior General, Fr. Pablo Meroni, the Holy See decided in 1923 to divide the Institute into two missionary congregations. Their reunification took place in 1979. This was possible because both groups had preserved their missionary identity and, above all, the memory of Comboni. Fr. Paolo Meroni deserves credit for having introduced, in 1927, the process of beatification of Daniel Comboni, the Founder.

Expansion and internationality

Father Antonio Vignato, one of the pioneers of the missions in Sudan, will be the one to open up to other nations in Europe and across the Atlantic. Elected Superior General in 1937, he is aware of the needs of the missions in Africa, which at the time were under British rule, and in 1938 he opens a house in England. Once established in that Atlantic country, he took his missionaries to the United States (1939): he needed more English-speaking personnel and also financial assistance. German-speaking brothers arrived in Peru in 1938. Due to identical needs in the missions of Mozambique, where Portuguese is spoken, a house was opened in northern Portugal (1947). It was then up to Fr. Antonio Todesco, Superior General from 1947 to 1959, to study the needs of the missions on the American Pacific coast, in Baja California, Mexico, in January 1948.

But who could stop the Comboni missionaries? In 1952, it was Brazil's turn: first in the north, the poorest part of the country, and later in the slums of the big cities in the south.

Having learned of the vigorous expansion of the Comboni missionaries, the Holy See, through Propaganda Fide, asked them to also take responsibility for a territory in Ecuador, in Esmeraldas. The first missionaries arrived there in 1954 and, as some of them had already been in Africa, they felt at ease among these black people, called “morenos.” The people from Spain (1954) provided invaluable help in these countries because of the language.

Growing towards the East

Despite expanding across the Atlantic and to the shores of the Pacific, Africa was never neglected. The first missions entrusted to Comboni were Egypt, Sudan, and Uganda, the latter of which he was unable to reach despite his ardent desire.

His successors would arrive in 1910. Later, in order, would come: Ethiopia (1939), Eritrea (1942), and Mozambique (1947).

In the 1960s, French-speaking territories were also added: Democratic Republic of Congo - “former Zaire” (1963), Togo (1964), Burundi (1964), Central African Republic (1964).

The German brothers had already been in South Africa since 1923.

In the 1970s, new openings included Kenya, Ghana, Malawi, Chad, and Benin in Africa, and Costa Rica in Latin America.

In recent years, the presence in Central America (Guatemala and El Salvador) has been consolidated and, driven by the signs of the times, also in the Philippines, Hong Kong, and Macau, in Asia and the Middle East.

Misioneros Combonianos

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Escrito por: Administrator
Categoría: Uncategorised
Publicado: 23 Diciembre 2025
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El Instituto de los Misioneros Combonianos del Sagrado corazón de Jesús

Los Misioneros Combonianos son un instituto misionero internacional de sacerdotes y hermanos, fundado en 1867 por San Daniel Comboni. Tienen como finalidad exclusiva la evangelización entre los pueblos donde la verdad de Jesucristo no ha sido aún anunciada o donde necesita consolidarse. Proclaman, anuncian el Evangelio y colaboran en el desarrollo de los pueblos.

ECUADOR - Padre João Mponda: Testigo del Evangelio entre el pueblo chachi

El padre João Mponda es un joven misionero comboniano mozambiqueño. Lleva tres años en Ecuador, compartiendo su vida y su fe con el pueblo indígena chachi. El padre João afirma: «El trabajo misionero en estas tierras requiere compromiso y sacrificio, no solo espiritual, sino también físico, porque para llegar a las comunidades dispersas hay que atravesar ríos y montañas. Nuestro compromiso misionero en estas comunidades tiene como objetivo proclamar el Evangelio y no se limita a la celebración de la Eucaristía». 

Estoy en la misión de San Lorenzo, en Ecuador, desde 2022, acompañando a las comunidades indígenas chachi, también conocidas como cayapas, que viven en la salvaje zona de Esmeraldas, en el norte del país. Son uno de los pocos grupos que sobreviven en la costa ecuatoriana, manteniendo su cultura y organización indígena. Sus hogares se encuentran generalmente a lo largo del río Cayapas y sus afluentes.
El trabajo misionero en estas tierras requiere compromiso y sacrificio, no solo espiritual sino también físico, ya que para llegar a las comunidades dispersas hay que atravesar ríos y montañas. Nuestro compromiso misionero en estas comunidades tiene como objetivo proclamar el Evangelio y no se limita a la celebración de la Eucaristía.
Es un ministerio diverso y de alcance que incluye, por ejemplo, visitas regulares a familias y reuniones con niños y jóvenes. De hecho, durante estos tres años en Ecuador, he aprendido que la misión consiste en vivir en estrecho contacto con la gente. Esto hace que sea más fácil conocerlos y compartir su realidad.
Una cosa que me llama la atención, como misionero mozambiqueño en estas lejanas tierras de América, es la alegría que encuentro en estas personas. Lo noto cuando las visito en sus casas, durante las reuniones periódicas con la comunidad local y, sobre todo, durante las sesiones de formación cristiana. Es hermoso ver la alegría en sus rostros cuando acogen y aprenden la Palabra de Dios con gran sencillez.
Como esta es mi primera experiencia misionera, estoy feliz porque el pueblo chachi es muy abierto y siempre dispuesto a aprender y compartir. Esta apertura es fruto del contacto con los numerosos misioneros que evangelizaron esta selva ecuatoriana, proclamando el Evangelio durante muchos años y que estaban presentes en toda la provincia de Esmeraldas incluso antes de la llegada de los Misioneros Combonianos.

A la hora de elegir una dinámica comunitaria que fomente una fe viva y activa, es fundamental invertir en la formación de los jóvenes. Hemos procurado pasar tiempo con los jóvenes de Chachi, escuchando sus inquietudes, aprendiendo y comprendiendo su cultura y sus preocupaciones y, partiendo de la fe cristiana, dando respuesta a sus inquietudes y expectativas. Para ello, ofrecemos formación cristiana básica, retiros locales, tardes dedicadas a la convivencia y al intercambio de experiencias, y actividades deportivas.
En general, los jóvenes de estas comunidades indígenas no suelen reunirse con otras comunidades. En primer lugar, por las distancias que los separan y, en segundo lugar, por la autonomía de las comunidades, ya que es el jefe de cada comunidad quien decide cómo se organizan las actividades. Afortunadamente, siempre hemos podido contar con el apoyo de los líderes comunitarios y la participación activa de las propias comunidades en las actividades de formación de los jóvenes.
Uno de los lemas de nuestro fundador, Daniel Comboni, era: «Salvar África con África». Durante mi experiencia misionera en Ecuador, especialmente con los pueblos indígenas, he intentado poner en práctica este lema. Todas las iniciativas y proyectos que hemos emprendido tienen como objetivo sensibilizar a los jóvenes indígenas chachi, animándolos a convertirse en protagonistas de su propia realidad.
Esta concienciación a menudo se encuentra con obstáculos, ya que las grandes empresas mineras y madereras intentan atraer a los jóvenes con falsas promesas. En lugar de luchar por el bien de su comunidad, optan por los intereses de estos grupos y su propio beneficio. Olvidan las consecuencias de la destrucción del ecosistema, la contaminación de los ríos y la deforestación incontrolada que afectan a la vida y la supervivencia de las comunidades indígenas.
Solo podemos soñar con el cambio mediante la implementación de programas de formación integrales que tengan en cuenta los aspectos humanos y cristianos, en línea con las propuestas de la encíclica Laudato Si' del Papa Francisco. Este es uno de nuestros principales objetivos en el trabajo con los jóvenes y las comunidades indígenas.

  1. EQUADOR - Padre João Mponda: Testemunhando o Evangelho entre o povo Chac
  2. ECUADOR Father João Mponda: Witnessing the Gospel among the Chachi people
  3. ECUADOR-Encuentro de provinciales y delegados combonianos de América y Asia
  4. EQUADOR - Encontro dos provinciais e delegados COMBONIANOS da América e Ásia

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