El misionero comboniano padre Rafaello Savoia es uno de los principales pioneros de la pastoral afrolatinoamericana. Partiendo del Evangelio, hizo de su compromiso con la dignidad, el desarrollo y la evangelización de los negros el empeño de toda su vida misionera.
P. Enrique Bayo
Llegó a Ecuador en 1968 y su primer destino como misionero de 26 años fue Limones, en la región costera de Esmeraldas, al norte del país. Su primera impresión fue que estaba en «África». Rodeado de mucha gente negra, se involucró inmediatamente en el trabajo pastoral visitando las comunidades cristianas a lo largo del río.
El contacto diario con tanta gente le llevó poco a poco a comprender la realidad de la comunidad. Recuerda que «vi claramente que el mundo afro es diferente del de los indígenas o mestizos». Y continúa: «A medida que pasaba el tiempo, algo iba cambiando en mí en mi forma de pensar y actuar».
Un día, monseñor Enrico Bartolucci le pidió que asumiera la secretaría de la catequesis del Vicariato. «Ese fue el punto de inflexión para mí y empecé a trabajar sobre el terreno con las comunidades negras para adaptar la catequesis a sus necesidades y creencias particulares».
El padre Savoia explica que el trabajo consistía en escuchar. Al principio, el trabajo con las comunidades negras se centró en las comunidades de Esmeraldas, que eran las más tradicionales y, por tanto, las que mejor conservaban la memoria del pasado. El misionero recuerda lo interesantes que eran los debates con las comunidades negras sobre el sentido de la vida y de la muerte, el más allá, el sufrimiento, Dios o las relaciones entre hombres y mujeres.
En agosto de 1968, se celebró en Melgar (Colombia) un encuentro sobre pastoral misionera. Y a partir de ese encuentro se crearía la pastoral indígena. Con un grupo de sacerdotes de origen africano, el padre Savoia se preguntó si no era posible considerar también un método de pastoral africana. Con el permiso del obispo, el padre Savoia viajó para averiguar si había experiencias de pastoral africana en el continente latinoamericano.
Fue a Brasil, donde conoció al padre João Lima, sacerdote negro que había escrito una tesis sobre la evangelización de los negros en las colonias, y también al padre dominico Raimundo Cintra, así como al padre jesuita Valdelí, muy familiarizado con las religiones tradicionales de origen africano como la Umbanda o el Candomblé. Posteriormente visitó Colombia para conocer el trabajo realizado por el Instituto Afro Matías Lumumba en Buenaventura, dirigido entonces por el padre Miguel Ángel Mejía. A su regreso a Ecuador, propone al obispo Bartolucci reunir a varios agentes de pastoral para ver cómo trabajar en un entorno afro.
Con el apoyo del padre Mejía y el acuerdo del obispo de Buenaventura, se organiza en Buenaventura el primer Encuentro de Pastoral Afroamericana (EPA). Tuvo lugar del 19 al 21 de marzo de 1980. Lo que había sucedido en Melgar con los indígenas estaba sucediendo en Buenaventura con el nacimiento de un método de pastoral para los afroamericanos.
El padre Savoia recuerda la reunión: «Había unos 50 participantes de Ecuador, Colombia y Panamá, de los cuales sólo unos quince eran negros. Estuvieron presentes algunas personalidades del mundo afroamericano, como el poeta Helcías Martán Góngora, y también el padre Rafael Arboleda, jesuita de la Universidad Javeriana de Bogotá, y el padre Urrea, que representaba al Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (Celam). Hubo una reflexión sobre la afroreligiosidad y la pastoral, y recuerdo que se habló mucho del trabajo realizado con los afroamericanos por el obispo de Buenaventura, Gerardo Válencia Cano, pero lo más importante fue que hubo el deseo y la voluntad de dar continuidad a este tipo de encuentros. Se decidió programarlos cada tres años».
El segundo encuentro de pastoral afroamericana tuvo lugar en Esmeraldas en septiembre de 1983. Esta vez la mayoría de los asistentes al encuentro eran afroamericanos. El padre Savoia comenta: «Hubo muchas discusiones porque algunos no veían el sentido de una pastoral afro específica, pero al final fueron los negros presentes los que decidieron. Así fue como empezó». Desde entonces, de hecho, los negros han sido mayoría, sin excluir a otras personas. El decimosexto encuentro está previsto para el año que viene en el santuario nacional de la Virgen de Luján (Argentina)».
Mirando hacia atrás, el padre Savoia dice: «Se han dado pasos significativos, pero creo que la pastoral afro aún no ha sido recibida como debería. En la asamblea de México de 2021, preparatoria del Sínodo de la Sinodalidad, se habló de los pueblos indígenas y sólo en el último momento se acordó incluir a «los pueblos indígenas y afrodescendientes».
Esto indica que los afrodescendientes no son una prioridad ni están en el centro. Algunos obispos no saben nada del mundo afro, ni quieren saber nada de él y prácticamente no hacen referencia a él. También pueden considerarlo como algo secundario, pero no se puede olvidar a 200 millones de afrodescendientes que viven en América Latina. Ese es el problema y por eso seguimos luchando».
En 2011 se celebró el Año Internacional de los Afrodescendientes, y de 2015 a 2024, el Decenio Internacional de los Afrodescendientes. En este contexto, la Asamblea General de las Naciones Unidas creó el Foro Permanente de Afrodescendientes, liderado por la exvicepresidenta de Costa Rica, Epsy Campbell Barr, una organización que tiene entre sus objetivos la defensa de los derechos de los afrodescendientes, quizás el colectivo más postergado de las sociedades americanas. «Creo que no debemos detenernos. Debemos seguir reflexionando y actuando para que, incluso en la Iglesia, los afroamericanos tengan el lugar que les corresponde.»
En la actualidad, el padre Rafaello Savoia vive en Bogotá, donde dirige el Centro Afrocolombiano de Espiritualidad y Desarrollo Integral (CAEDI), con una amplísima documentación sobre la historia, la cultura y otros aspectos del mundo afrocolombiano.
Y concluye: «Además de dirigir el Centro, sigo haciendo lo que siempre he hecho, es decir, el trabajo de visitar los barrios de Bogotá donde viven las familias afro. Esta es la base de toda pastoral afro, el contacto directo con la gente, la escucha y la construcción de relaciones de confianza. Efectivamente, ya estoy viejo, cumplí 82 años en agosto, y tengo algunos problemas de salud, pero sigo haciendo lo mismo que empecé a hacer en 1968, acompañando a esta gente. Les debo mucho y, sin duda, han marcado mi vida misionera.
