La Grulla coronada y la Rana

 Este cuento pertenece a la tradición oral de Burundi. Los protagonistas son la Grulla coronada y la Rana. Dos animales de lo más opuesto por su morfología y los sentimientos que pueden inspirarnos. Si uno atrae por su elegancia y belleza, no se puede decir lo mismo del otro. Hay varios cuentos tradicionales, en los que aparecen como protagonistas estos animales, en situaciones distintas.  El  cuento puede recordarnos, a cada uno de nosotros, algo importante: Independientemente de la apariencia o del origen, todos los seres humanos tienen derecho a ser reconocidos y respetados. Como bien dijo en cierta ocasión Saramago: “Todos tienen derecho a un lugar en la tierra, no hay motivo para que yo, por el hecho de ser blanco, católico, rubio, indio, negro, amarillo, sea superior. No podemos darnos el lujo de ignorar que el respeto humano es la primera condición de convivialidad”.
Un día, el Rey decidió casarse y deseaba elegir a la mejor de las reinas. Para ello convocó a sus súbditos para informarlos. Cuando se presentaron ante él les dijo:
-  Ha llegado la hora de que elija a una esposa. La elegida será aquella que me traiga el mejor regalo.
La Rana y la Grulla coronada participaron en el concurso y se pusieron en ruta para ofrecer un presente al rey como él lo había pedido.
La elegante y hermosa Grulla pensaba que el mejor regalo que podía ofrecer era su belleza. Y durante todo el camino no cesaba de repetir con orgullo:
-  Ndi muwiza, ndi mwiza, soy bella, soy bella.
La Rana avanzaba con mucha dificultad llevando su regalo y repetía humildemente:
-  Agatiwa ariko, agatiwa ariko, lo que cuenta es la belleza del corazón.
Las dos se presentaron en la corte del Rey. La Grulla, que no había transportado ninguna carga, llegó fresca y hermosa.
Repetía las palabras que había pronunciado durante todo el camino:
-  Soy bella, soy bella.
Todo lo que tenía que ofrecer era eso: su bella apariencia.
La Rana llegó sudorosa y cansada por el peso del fruto de su trabajo que quería ofrecer al rey.
El Rey, sin fijarse en las apariencias, viendo la generosidad y el esfuerzo hecho por la Rana, comprendió que la verdadera belleza reside en el corazón. La eligió como esposa. Y le concedió todos los honores debidos a su rango.