Punto Final


P. Gabriel Perfetti
Misionero Comboniano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SI SUPIÉRAMOS lo que somos....

Jesús es la gran amenaza para el poder constituido: la política, la economía, la cultura consumista - materialista, la religión alienante.

Jesús es el único que nos revela lo grande que somos, nuestra esencia divina.

Jesús nos  muestra el rostro del Padre. Un Padre que no conoce rencor, ira, venganza, indiferencia, ambición de gloria y poder.

Jesús  nos hace sentir que el Padre Dios es Abba: ternura y misericordia, que para Él no hay clases de justos y malos, de santos y pecadores.

Así, Jesús nos pone a todos en el mismo nivel.  Iguales en dignidad, somos uno en Él.

Esto no gusta a los que quieren dominar; para ellos  es indispensable crear diferencias, clases sociales y religiosas, porque solo así pueden ejercer su poder sin encontrar oposición.

Los dirigentes del pueblo hebreo, viéndose amenazados en su estilo de vida y sus privilegios, deciden matar a Jesús, el "subversivo" que denuncia la inmoralidad del orden social-religioso que habían creado.

Hoy en día es igual. Hay dirigentes que matan a Jesús haciéndole abiertamente guerra, poniendo en ridículo sus palabras y construyendo falsos ídolos que les permitan oscurecer a Jesús, callarlo, ponerlo en ridículo y así  seguir confundiendo y alienando al pueblo.

Otros dirigentes son más finos y más peligrosos; se hacen pasar por seguidores de Jesús,  pretendiendo que trabajan por Él, que lo llevan a todas partes, que lo dan a conocer, que lo defienden de los ateos, pero en realidad lo matan porque lo presentan con doctrinas que Jesús siempre condenó y que le costaron la vida.

Trasforman a Jesús en algo de inútil, lo hacen callar encerrándolo en devociones  y ritos  vacíos que no liberan a la persona sino que la esclavizan.

Jesús se opone a doctrinas morales que son usadas para condenar, para despreciar, para crear divisiones o presunta supremacía de unos sobre otros.

Jesús declara que el sábado es para el hombre y no lo contrario.

Jesús denuncia tradiciones religiosas que quieren seguir poniendo vino nuevo en odres viejos.

Jesús enseña la solidaridad que nace por sentirnos cada uno parte del otro.

Jesús condena el afán de acumular riquezas dejando al hermano con hambre.

Jesús promueve y defiende la no violencia como única arma para romper la cadena del odio.

Jesús se esmera para que la misericordia sea el canal privilegiado que nos une a Dios y a los hermanos.

¡Qué diferencia con las doctrinas que nos enseñan los que buscan mantenerse en poder!

Se sigue matando al verdadero Jesús, presentando un Jesús que no es Jesús. 

Nos dan a conocer un Jesús hecho por los hombres y no el Jesús enviado por Dios.

Los que mandan proclaman una imagen falsa de Jesús para seguir oprimiendo.

A Jesús lo invisten de títulos: Rey, Rey de reyes, Sumo sacerdote... y con eso justifican su ambición, su deseo de grandeza, de omnipotencia.

A Jesús, que se ha despojado de todo, lo van recubriendo de cosas fútiles para justificar su sed de ostentación y de poder.

Son muy listos para hacer inofensivo el mensaje de Jesús,  su estilo de vida.

Jesús está metido entre la gente, camina, come, se alegra, tiene compasión, busca la justicia, descansa, vive el día a día...

Ellos lo encierran en los templos, guardadito en cajitas bajo llave.

Invitan a la gente para que visiten a Jesús sacramentado diciendo que está solo, pero Él nunca está solo, somos nosotros los que estamos desesperados a causa de la soledad. Somos nosotros quienes necesitamos Su visita. Es Él quien nos acompaña, es Él quién no nos deja un solo momento, es Él nuestra esencia.

¡Qué hábiles son en cambiar las enseñanzas y el estilo de vida de Jesús según sus propias conveniencias!

¡Qué hábiles en neutralizar la vida y la liberación que nos trae Jesús con sus mandatos y tradiciones hipócritas! 

No dejes  que nadie te engañe y te vuelva esclavo, te quite tu dignidad y  la grandeza que Jesús te ha revelado y traído.

  


Corro hacia ti

He encontrado la sabiduría en la calle, escondida en un hombre de 47 años: Javier. No ha sido echado a la calle por situaciones o circunstancias adversas, sino por elección propia. A los 38 años, después de una vida, entre comillas, normal siente una inquietud, cree que la vida es algo más que la rutina que le impone la sociedad.Comprende que los medios de comunicación son el arma de los poderosos para pilotar, adormecer y dominar al pueblo, dejándolo creer que es libre. Reflexiona sobre su situación, que es pura explotación, un vivir para trabajar, una degradación de su persona y de su dignidad, un despilfarro de su tiempo y salud. Javier tiene la lucidez de quién puede distinguir entre opresión y libertad, entre superficialidad y esencia, entre acumular o vivir en sobriedad. Elige vivir en la sencillez, sin nada suyo, compartiendo con los gamines. El habla de la situación social, denunciando la corrupción que empobrece y envenena toda relación, la violencia que es signo de debilidad e ignorancia. Está convencido de que la ambición y la avidez producen una atmósfera de agitación, ansia y competición; una atmósfera de lucha, conflicto, desesperación y depresión. Le pregunto si está enojado, si tiene rabia por todo eso. Él responde: “No tengo rabia sino compasión. Antes tenía rabia en contra de todo y de todos. Ahora estoy convencido que la rabia contamina la mente y el corazón. La rabia transforma el diálogo en discusión polémica, la relación en conflicto, la unidad en separación. La rabia te lleva a una ceguera  intelectual, te quita la capacidad de ver y comprender. La rabia te hace caer en la estupidez de la arrogancia”. Me atrevo a insinuar que su estilo de vida me parece un poco triste. Javier responde sonriendo y haciendo memoria del pasado que recuerda  como realmente  triste, con una tristeza que le paralizaba la mente, le desviaba los deseos y bloqueaba el gusto por la vida. Esta nueva vida le permite saborear todo eso. Su hablar está lleno de ejemplos, nombres, lugares. Él tiene palabras de condena para los políticos ambiciosos y para la gente que se deja engañar año tras año, siempre por las mismas personas y de la misma manera. Denuncia todo lo malo, pero sin rabia, sin rencor. Javier quisiera sacudir a los demás para sacarlos del engaño, de una vida que no es vida. Dice: "Hemos vendido nuestra capacidad de pensar, la parte más noble de nuestro ser. Son otros los que piensan por nosotros y tanto nos engañan que hacemos todo lo que nos dicen, creyendo hacerlo en libertad, por nuestra propia decisión, pero no son otros que deciden y nosotros actuamos”.  
Le pregunto cuál es su relación  con Dios.  “Nos han acostumbrados a relacionarnos  con un Dios "invisible". Vivimos resignados a tratar con un Dios "escondido", con un fantasma que no tiene consistencia, con una idea que no tiene rostro”, dice. Con sus manos abiertas en un gesto de esparcir añade: “Dios está aquí, tú y yo somos parte de Él. No podemos perdernos buscándolo en el cielo cuando Él está aquí, muy cerca. Cada persona, incluso la más humillada, en su esencia es divina”. Nunca hubiera pensado de encontrar la luz del evangelio  tan presente y operante en un hombre considerado un "desecho". Con Javier, uno deja lugar al gozo, a la paz interior, a la comprensión, a la pasión amante, al deseo de unión, a la solidaridad, a la carrera evangelizadora. Corro a ti a través de ese artículo para comunicarte la misma alegría.