ARGELIA
¿Qué es el arte saharahui?

El joven saharaui Mohamed Sulaiman reutiliza maderas, telas, cartones, plásticos y metales que se encuentra en los campamentos de refugiados de Tinduf para crear sus propias obras: «Quiero encontrar soluciones prácticas que ayuden a mi pueblo, pero también artísticas».
Texto y fotos Eugenio G. Delgado

Salek Saleh, un niño saharaui de 14 años, recoge un árbol seco mientras pasea por el campamento de Smara, cerca de la ciudad argelina de Tinduf, donde más de 165.000 refugiados sobreviven desde hace 42 años a la espera de una solución al conflicto entre  Sahara Occidental –único territorio de África aún sin descolonizar y cuya potencia administradora sigue siendo legalmente España– y Marruecos.
Salek transporta ese árbol, del que solo quedan unas ramas sin hojas y un escuálido tronco, para llevárselo a Mohamed Sulaiman, artista abstracto saharaui que trabaja  preferentemente con materiales reciclados encontrados entre las jaimas, las casas de adobe y en la hamada negra, un entorno desértico, inhóspito, duro, pedregoso y sin apenas dunas. «He estado jugando con el arte y la pintura desde mi infancia, pero nunca he tenido una formación académica reglada sobre ello. Estudié literatura inglesa y también caligrafía en Argelia. Sin embargo, siempre he sentido un impulso hacia al arte», confiesa Sulaiman.
Esa llamada artística vivió su punto de inflexión tras las inundaciones que sufrieron los campamentos en 2015. Así lo recuerda: «Tenía una habitación con mis libros, mi arte, donde me reunía con mis amigos… Pero esa habitación fue arrasada por las lluvias. Fue un momento de cambio en mi vida porque perdí parte de mi trabajo y libros muy buenos. Así que, en ese momento, decidí que iba a crear un nuevo espacio donde pudiera crear arte, compartir, aprender e interactuar con otras personas. Básicamente, la idea surgió como una reacción ante esa pérdida». Así es como Mohamed empezó a recolectar casi todo lo que se encontraba tirado o desechado en los campamentos, ya fueran maderas, telas, cartones, metales o plásticos. 
Reciclaje en mitad de la nada
Su primera gran obra es su propio estudio de trabajo, al que ha llamado Motif Art Studio & Workshop: «He hecho de mi vida un laboratorio para experimentar y jugar con cosas. Soy un experimentador y lo que hago es comprobar qué cosas funcionan y cuáles no». Y destaca dos ejemplos relacionados con el hecho de que durante el verano los termómetros alcanzan más de 50 grados centígrados en los campamentos de refugiados saharauis y que muchas casas de adobe se convierten en auténticas saunas.
«El calor es insoportable en esta época del año y muchos hogares saharauis tienen los techos de zinc, un superconductor del calor, lo que incrementa el agobio y la temperatura. La solución para encontrar algo de alivio la hallé en los cartones de leche. Me di cuenta de que están formados por cuatro capas pegadas de diferentes materiales –plástico, cartón, aluminio y plástico– que consiguen mantener la temperatura. Esto lo apliqué al techo y a las paredes de mi estudio, creando unos paneles con seis o siete capas de madera, tela, plástico y cartón. Es un sistema muy efectivo para evitar que el calor traspase las paredes y para mantener una temperatura constante y agradable », afirma Mohamed Sulaiman.
Murales en el desierto
Además de su propio estudio, uno de los proyectos que ha revolucionado los campamentos es su conjunto de murales. Cinco en total. Por ahora. «En mi casa pinté uno con referencias al arte abstracto; otro se encuentra en una de las paredes del hogar de Salek y su familia y recuerda la ceremonia del té y la unión familiar que significa; el tercero, de un color azul intenso, que destaca entre tanto marrón y amarillo del desierto y que te puede hacer pensar en un bien escaso como es el agua, está en la biblioteca Bubisher; el cuarto, llamado The Tube (El tubo), lo pinté en las paredes del Centro de Integración para Personas con Discapacidades Físicas y Psíquicas de Buyema Fateh, conocido en los campamentos como Castro; y el último ha sido un homenaje a un vecino en su propia casa», enumera Mohamed.
En este entorno de supervivencia, Sulaiman entiende que no todos los saharauis comprendan su arte, pero sí espera que ayude a sus compatriotas a abrir sus mentes.
De hecho, sus propuestas son tan novedosas que ha recibido críticas porque muchos de los refugiados no consideran que sus obras sean una muestra del arte saharaui. Este creador, de 31 años, se defiende: «¿Qué es el arte saharaui? ¿Lo que ha sido en el pasado en un período específico y en un lugar concreto o lo que cada saharaui hace? La gente piensa en el arte tradicional, pero la  identidad saharaui está formada por muchas cosas, no solo por unas pocas que se refieren a un período concreto. Respeto el arte tradicional y me encanta, pero que no me excluyan porque hago algo diferente. Yo soy saharaui y hago arte, por lo tanto, mi arte es saharaui. Al final, el arte es una expresión humana que refleja lo que eres, piensas y sientes».
El trofeo del Sahara Marathon
En 2018, este artista saharaui también ha sido el encargado de crear el trofeo del Sahara Marathon, la carrera solidaria a favor de la causa saharaui que se disputa a finales de febrero entre los campamentos de refugiados. «Supone un gran orgullo para mí porque, hasta ahora, no se entregaba ningún trofeo a los ganadores. Es la primera vez que se ha hecho en 18 ediciones. Son piezas abstractas construidas con trozos de madera encontrados en los campamentos. Puede parecer una espiral, una escalera que asciende hacia el cielo con escalones de diferentes colores que representan la diversidad de personas y nacionalidades que han participado a lo largo de los años», explica.
Además, comenta que, a pesar de que tiene ofertas para estudiar y formarse en otros países más allá de los campamentos de refugiados, no se mudará: «Quiero estar aquí y hacer mi arte aquí, con mi gente, y apoyar en todo lo que pueda. Saldré y participaré en programas concretos, pero solo por un período de tiempo limitado. He estado recientemente en Alemania, Grecia, Finlandia o Nigeria y estos viajes me sirven para refrescarme con las ideas de nueva gente y otros artistas, pero siempre quiero regresar».