Biblia & Misión

P. Eduardo de la Serna
Doctor en Teología

Felipe, uno de los Doce

 El nombre Felipe es la castellanización del griego “Filippo”, y es un nombre muy habitual. Por ejemplo, es el nombre del papá de Alejandro Magno, de un hermano de Herodes, o de una ciudad, “Cesarea de Filipo”; pero en el grupo de los seguidores de Jesús hay dos “Felipes” que son importantes y a ellos dedicaremos este y el próximo trabajo. Uno de los Doce seguidores de Jesús es Felipe. En los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y en Hechos de los Apóstoles lo encontramos nada más que en la lista de compañeros de Jesús que se nos dan (Mt 10,3; Mc 3,18; Lc 6,14; Hch 1,13). Pero en el Evangelio de Juan ocupa un lugar más importante:1,44 nos dice que era de Betsaida, la misma ciudad de Pedro y Andrés. Es decir, una ciudad de pescadores al norte del lago de Genesaret. Aunque Jn 12,21 dice que la ciudad queda en Galilea, en realidad no pertenece propiamente a esta región, sino que es vecina. Jesús, seguramente por estos contactos, realizó algunos signos allí (Mc 8,22), pero no fue bien recibido (Lc 10,13). La ciudad tiene una importante estructura proveniente del mundo griego, lo cual explica por qué unos “griegos” que van a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, buscan a Felipe y éste a Andrés. Seguramente el conocimiento del griego por parte de Felipe fue de utilidad para estos (Jn 12,20-22). Cuando Jesús está por multiplicar los panes, para poner a prueba a Felipe le pregunta “¿dónde vamos a comprar panes para toda esta gente?” (6,5-7). Felipe, que como es frecuente en el Evangelio de Juan, no entiende a Jesús, afirma que haría falta muchísimo dinero (unos 200 jornales) para que todos al menos coman un poco. Lo que Jesús iba a realizar, más que un “milagro” era un signo que los que tienen una mirada abierta pueden reconocer: Jesús es un profeta (Eliseo había multiplicado, como Jesús panes de cebada, 2 Re 4,42-44) como se ve en 6,14. Después Jesús todavía profundizará más y les dirá “yo soy el pan vivo” (6,51). En el largo discurso de despedida, Jesús afirma que se irá y Tomás pregunta por el camino (14,5), Jesús – que siempre está revelando a su auditorio quién es él (como se vio en el párrafo anterior) afirma que él es el Camino hacia el Padre y “nadie va al Padre sino por mi” (14,6). Aquí interviene Felipe pidiéndole a Jesús que nos “muestre al Padre”. Evidentemente no ha entendido lo que ha vivido con Jesús hasta ahora: la unión entre Jesús y el Padre es total, tanta que “quién me ha visto a mí, ha visto al Padre” (14,9). La unidad entre Jesús y el Padre se manifiesta en las palabras (14,10) y en los hechos (10,25.38; 14,11) de modo que todo lo que Jesús ha dicho y hecho hasta ese momento, manifiesta a su Padre (ver 17,21). Esto es lo que Felipe no ha comprendido. Como se ve, el Evangelio de Juan nos muestra a Felipe como uno que no comprende cabalmente. Pero no hay que entender esto negativamente; es razonable no comprender a Jesús hasta que él no se revele. Y eso es también lo que hace el Evangelio: Jesús es el pan, Jesús es el camino, y con la llegada de los griegos llega la hora de manifestar la gloria de Jesús a todos. De hecho, Felipe permaneció unido en el grupo de los Doce, como se ve en las listas de los Doce que mencionamos. Es interesante que un tiempo después, algunos cristianos sectarios rescataron la figura de Felipe y compusieron obras en su nombre (un “Evangelio”, y unos “Hechos”), que no están en los libros que en la Iglesia se consideran “palabra de Dios” aunque tengan cosas pintorescas. Felipe es un caso típico de los muchos que queremos seguir a Jesús, pero que seguramente no entendemos (o no entendemos demasiado) y necesitamos que él mismo nos ayude a ver y conocerlo. De eso se trata ser discípulos.