La misión en Asia hoy

Un misión en transformación continua. El compromiso de proclamar la verdad y la justicia. Los migrantes como testigos del Evangelio. Hablamos sobre la misión hoy con el cardenal Luis Antonio Tagle, Arzobispo de Manila y Presidente de Caritas Internacional. 

M. – South World   

¿Qué tipo de misión es posible hoy? 

Creo que la respuesta a esta pregunta se puede dar en dos niveles diferentes. Primero, la misión es siempre “posible” porque es una acción del Espíritu Santo y un mandato que viene de nuestro Señor Jesucristo. Es, por lo tanto, una parte integrante de nuestro ser discípulos. Ir a todos los pueblos para compartir con ellos el Evangelio es un hecho que se hace posible por nuestro ser discípulos guiados por el Espíritu Santo. El discípulo, hombre o mujer, anuncia a todos la Buena Noticia del Señor, a quien ellos han escuchado y tocado. Todo encuentro humano es, por lo tanto, una posible misión. Junto con eso – y este es el segundo nivel– nosotros necesitamos hoy estudiar y entender cómo está cambiando el escenario global. Con los muchos fenómenos que vemos desarrollarse en el mundo, especialmente el miedo a “los otros” o a los extranjeros y también la violencia, debemos encontrar maneras de ser misioneros de la bondad y la misericordia de Dios. Creo que este mundo herido en que vivimos ha hecho incluso más posible y urgente el compromiso de los cristianos a proclamar la verdad, la justicia, la misericordia, el amor y la paz, que son las cosas que más necesita la humanidad hoy.  

 ¿Está cambiando el papa Francisco la manera de pensar sobre la misión? 

El papa Francisco nos está recordado continuamente los principios y el estilo de misión que han acompañado a la Iglesia desde el Concilio Vaticano II e, incluso, antes de él. En un sentido, el Papa no ha “inventado” nada nuevo sobre la misión. Podemos ver como él ha reformulado orientaciones que ya se encuentran en los documentos del Vaticano II y en la exhortación apostólica “Evangelii Nuntiandi” del papa Pablo VI. El papa Francisco nos ofrece nuevas expresiones e imágenes que expresan esas mismas enseñanzas en una forma diferente, más adaptada al mundo de hoy. Por eso las consideramos sus “aportaciones personales” a la misión. Por ejemplo, la imagen de la Iglesia misionera que es capaz de ir más allá de sí misma, una “Iglesia en salida”, una Iglesia que va a las periferias existenciales antes que permanecer en un centro o asiento de poder y comodidad, una Iglesia que se manifiesta jubilosa en su misión, una Iglesia que se compromete a ir al encuentro de la persona y no permanecer atada por la burocracia. Estas ideas no son, pero la forma en que se expresan ahora pertenece verdaderamente al papa Francisco. Y, por encima de todo, él vive esas enseñanzas, sin a hablar de ellas. 

¿Cuáles son los nuevos caminos que la misión en Asia está siguiendo hoy? 

La declaración fundamental y programática ya pronunciada por los obispos de Asia en 1974 es todavía válida para la misión en este continente hoy: el modo de ser misioneros en Asia es el del diálogo. El diálogo de vida se lleva a cabo en tres áreas principales: con las distintas religiones, con las culturas y con los pobres. Es una visión que no ha perdido nada de su relevancia. Sin embargo, hay nuevos elementos que se derivan de las situaciones emergentes en el Asia contemporánea: un creciente fundamentalismo religioso y político, el terrorismo organizado,  la migración de personas, el tráfico humano, las nuevas formas de esclavitud, la polución del medioambiente, la debilitación de las culturas asiáticas tradicionales, la influencia de los medios de comunicación y la tendencia a dejar que la tecnología y la ciencia remodelen la vida diaria. Estas son algunas de las nuevas religiones y nuevas pobrezas con las que nos encontramos hoy. ¿Cómo podemos dialogar con ellas? ¿Cómo podemos fortalecer una cultura de diálogo en un mundo que está fundamentalmente dividido? Estas preocupaciones ocupan un lugar central en nuestra reflexión sobre la misión en Asia hoy. 

¿Cómo vive la Iglesia Filipina la misión ad gentes? 

Hay un tiempo para recibir y un tiempo para compartir y dar. No recibimos el Evangelio para quedárnoslo; al contrario, lo recibimos solamente para ser capaces de compartirlo un día. Ahora es el tiempo de hacer crecer este regalo en una tierra nueva. Esto es imperativo para la Iglesia en las Filipinas dado que la mitad de los cristianos de toda Asia se encuentra en este país. Desde dentro de nosotros, deben salir más misioneros para Asia y el resto el mundo. Sin embargo, también hemos entendido en años recientes que nuestros mejores misioneros son nuestros trabajadores migrantes. Ellos dejan nuestro país en busca de trabajo, pero siempre encuentran una misión en los sitios donde van a trabajar. Gracias a ellos, las iglesias están llenas de fieles, música y sonrisas. Necesitamos darles una formación sólida para que puedan ser verdaderos misioneros dondequiera que vayan.