Revista Digital Misionera Católica
de los Misioneros Combonianos
en Colombia y Ecuador

El cuidado de la casa común en América Latina: un pacto comboniano

Durante el Sínodo de la Amazonia, un grupo importante de obispos, laicos, sacerdotes y religiosos celebraron el Pacto de las Catacumbas para la Casa Común y firmaron un compromiso con el objetivo de multiplicarlo en los diferentes territorios de misión. Los Misioneros Combonianos, por iniciativa de los Provinciales de América Latina, también han adaptado este Pacto a la realidad de su presencia y de sus comunidades en el continente y lo han relanzado para su adhesión.
P. Dario Bossi

1. Una elección fundamental: el extractivismo depredador
Estamos en un mundo que funciona a dos velocidades. Cada vez más rápido en la acumulación de beneficios para unos pocos, cada vez más precario para la gran mayoría. Hemos introducido esta desigualdad como si fuera natural. Nos hemos acostumbrado a vivir en sociedades de abundancia y despilfarro, mientras a nuestro alrededor se multiplican las sociedades de supervivientes.
América Latina es la región del mundo con mayor desigualdad de ingresos, según datos de Naciones Unidas[1]. En la ciudad donde vivo, São Paulo, la esperanza de vida depende del código postal: los que viven en uno de los barrios nobles viven una media de 20 años más que los que viven en el extrarradio[2].
Para que este sistema siga sosteniéndose, hay que condenar a ciertos territorios y comunidades a convertirse en zonas de sacrificio. Nuestro continente, desde el inicio de la colonización, ha sido y sigue siendo considerado una mina de recursos para el desarrollo de otros. Esta es la lógica del extractivismo depredador, que todavía se afirma ampliamente en casi todos los países de América Latina.
En Brasil, la palabra suena aún más amarga y agresiva porque se opone a la experiencia ancestral de los pueblos y comunidades que se autodenominan "extractivistas": aquellos que siempre han aprendido a vivir en equilibrio y simbiosis con su territorio, como señala la encíclica Laudato Si':"es esencial prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una mera minoría entre los demás, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo cuando se emprenden grandes proyectos que afectan a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino un regalo de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el que necesitan interactuar para alimentar su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son los que mejor los cuidan. Sin embargo, en distintas partes del mundo se les presiona para que abandonen sus tierras y las dejen para proyectos mineros, agrícolas o ganaderos que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y la cultura". (LS146)
Existe, pues, un conflicto entre dos modelos que compiten por los mismos territorios. Se nos hace creer que la primera (depredadora, extensiva, tecnológica y contaminante) sería la más eficiente, desarrollada y generadora de riqueza. En realidad, favorece la acumulación de riqueza en los bolsillos de unos pocos, a costa de graves violaciones socioambientales que recaen sobre la mayoría. El fiscal federal Felício Pontes atestigua que el segundo modelo tiene un increíble potencial para generar ingresos y calidad de vida para las comunidades locales: por ejemplo, el total combinado de 17 tipos de actividad en el ecosistema amazónico -desde el suministro de agua y la regulación del clima hasta el suministro de alimentos, como pescado, fruta y frutos secos- alcanza los 692.000 millones de dólares al año[3].
Pero para asegurar los intereses de las élites terratenientes y las grandes empresas, el Estado y las grandes empresas se han aliado. Esto es lo que se llama "el control corporativo del Estado", y que Laudato Si' denuncia cuando dice que la política se ha sometido a la economía (nº 189). A partir de esta opción, habiendo ya ocupado la mayor parte de los territorios con grandes proyectos de monocultivos, agronegocios, ganadería extensiva, minería, producción de energía con inundación de grandes áreas, etc., el extractivismo depredador debe ahora avanzar más allá de las últimas fronteras, superando nuevos límites geográficos y legales. Así, se disputan las zonas forestales o protegidas, los parques nacionales y, sobre todo, toda la cuenca del Amazonas. El Estado garantiza la impunidad de quienes infringen la ley; tolera y a menudo incluso institucionaliza la violencia contra las comunidades y los líderes, que cada vez son más criminalizados, perseguidos y asesinados.
  

2. Un escenario apocalíptico
Este escenario es apocalíptico porque revela quiénes son los responsables que están detrás, y también las alternativas que, con cada vez menos tiempo disponible, se vuelven urgentes. Nunca una generación, como la nuestra, se ha encontrado con una responsabilidad semejante: tenemos las condiciones para condenar al planeta a un ciclo irreversible de calentamiento global incontrolado[4].
El Papa Francisco nos desafió a dar una respuesta urgente, escribiendo Laudato Si' justo antes de la importante cumbre climática de la ONU en París. Al convocar el Sínodo sobre la Amazonia, declaró que este bioma es una "prueba para la humanidad". Los signos de la emergencia son evidentes y conocemos las estrategias prioritarias para curar estas heridas. Sin embargo, ¡nos movemos locamente en la dirección contraria!
La deforestación en Brasil, por ejemplo, ha aumentado de forma incontrolada en los dos últimos años[5]; en todo el mundo, los bosques conservados son sólo un 10% de los que había a principios del Holoceno; seguimos destruyendo 120.000 kilómetros cuadrados de bosques tropicales primarios al año, biomas que son reguladores del clima y albergan el 80% de la biodiversidad terrestre del planeta.
Los principales responsables de la contaminación y destrucción de la selva amazónica y otros biomas esenciales son la agroindustria para la producción de soja, la ganadería extensiva, la minería y la extracción de petróleo. Por lo tanto, existe una fuerte conexión con nuestros estilos de vida y hábitos alimenticios, especialmente en lo que respecta a la carne de vacuno (véase la campaña "Saca al Amazonas de tu plato", que ha tenido una gran visibilidad tanto en Brasil como en el norte del mundo).
Como sabemos, la propia pandemia de Covid-19, antes incluso de ser la causa de nuestros males, es un efecto de los mismos, una consecuencia del "mal vivir" que hemos estructurado en esta sociedad de usar y tirar, opuesta a las intuiciones del "buen vivir" que nos sugieren las culturas de los pueblos originarios.
En palabras del sociólogo Michel Maffesoli, la pandemia es biológicamente una enfermedad, pero antropológicamente es un síntoma de que la sociedad de consumo, tal como la conocemos y organizamos, ha decaído[6].
Este escenario apocalíptico revela que no estamos simplemente en un periodo de cambio, sino en un verdadero cambio de era geológica: hemos entrado en el Antropoceno, la primera vez que la acción humana ha tenido una influencia tan fuerte como para impactar permanentemente en la Tierra[7]. 7] Hemos llegado al punto final: la expansión ilimitada del sistema capitalista, que funciona a través de la acumulación y, por definición, no puede conocer límites, ha chocado con la frontera de la escasez de recursos de un planeta despojado. Ya no hay un mundo para todos; la única salida que queda, si no se cambia el sistema, es la necropolítica: el derecho que se conceden unos pocos poderosos a decidir quién es útil y necesita vivir, y a quién, por ser inútil, es más conveniente descartar. 

3. Posibles caminos a seguir Hay muchos debates en curso sobre cuáles serían los nuevos caminos, modelos y escenarios para volver a respirar, en este contexto global de asfixia.
Laudato Si' insiste en la educación y la espiritualidad ecológicas, la gobernanza internacional, la autoridad de la política sobre la economía, al servicio de la vida. Es urgente la conversión de la sociedad de consumo a una feliz sobriedad. Otra vía sigue siendo la de las transiciones ecológicas radicales, especialmente en los grandes territorios urbanos: la reducción del consumo de agua y energía; los nuevos conceptos de ciudad y de movilidad urbana; la descentralización de las relaciones sociales fuera de las megaciudades; el fomento de las economías locales campo-ciudad; la agroecología y la economía circular.
Como misioneros, tenemos cierta experiencia y tradición en la denuncia y la defensa internacional. En esta línea, será importante centrarse, en los próximos años en América Latina, en la aplicación del Acuerdo de Escazú, una legislación innovadora y potente, en la defensa internacional de los derechos socioambientales.
La promoción de los Derechos de la Naturaleza es otro camino, una evolución natural y necesaria de la comprensión de los derechos universales. Madura la relación con la naturaleza como sujeto, más allá del antropocentrismo despótico y desordenado (LS)[8].
Nuestra alianza estratégica con los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales también debe consolidar sus mecanismos de autonomía y autogobierno, formas legítimas de autoridad pública colectiva más allá del Estado, que no puede ser el único regulador de los sistemas de vida de los pueblos[9].
En todo esto, el papel de la Iglesia puede ser muy significativo. ¡Tenemos, recientemente, ejemplos esperanzadores de alianza y apoyo a la causa de las comunidades en sus territorios, como la posición oficial de la Iglesia de El Salvador junto a la lucha del pueblo, que logró aprobar una ley que impide la minería metálica a gran escala en todo el país!
Además, la Red Eclesial Panamazónica desempeña un papel relevante en las actividades de la Asamblea Mundial de la Amazonía y, recientemente, en el proceso de incidencia en la política ambiental del gobierno de Biden, para que los proyectos internacionales sobre la Amazonía no se conciban sin la plena participación y protagonismo de sus pueblos.

4. Acción de Comboni
En los últimos años, especialmente bajo la inspiración de la encíclica Laudato Si', el trabajo de los Misioneros Combonianos para el Cuidado de la Casa Común se ha consolidado en el continente latinoamericano, aunque todavía necesita fortalecerse y articularse mucho más. A continuación destacaremos brevemente algunos ámbitos en los que estamos presentes y en los que podríamos invertir más energía.
= REPAM: La Red Eclesial Panamazónica, gran protagonista del Sínodo de la Amazonia, se organiza en torno a varias líneas de trabajo (pueblos indígenas, derechos humanos, fronteras, justicia y bienestar socioambiental, formación, redes internacionales, comunicación). Es una presencia dinámica y flexible, interactiva con las iglesias locales, capaz de tejer redes con otros movimientos populares.
= Iglesias y Minería: es una red ecuménica latinoamericana al servicio de las comunidades afectadas por la minería. Reconoce y alimenta las espiritualidades como las raíces que sostienen a las comunidades y su resistencia; actúa como herramienta de defensa en todas las esferas de las iglesias, para que sigan siendo fieles a su defensa de los pobres y de la Madre Tierra; propone una campaña de desinversión en las empresas mineras, para animar a las iglesias y congregaciones a adoptar una postura ética en sus inversiones financieras.
= Una presencia cercana y solidaria con las comunidades: hay buenas experiencias de cuidado y regeneración de espacios urbanos y de educación ambiental (por ejemplo, Chorrilhos, Perú, España). Chorrilhos, Perú); compromiso con la defensa de los ríos y la resistencia a la minería (Borbón y toda la región de Esmeraldas, Ecuador); compartir con las comunidades indígenas en Pangoa (Perú), Petén (Guatemala), Guerreiro (México), o en Manaus y Roraima (Brasil); presencia con las comunidades costeras en Tumaco (Colombia) y con las comunidades fluviales en el bajo río Madeira (Brasil). Todas estas experiencias tienen el potencial de proteger y afirmar las culturas como principio y garantía de relaciones sanas, una herramienta de curación para todos los seres de la Creación.
= Redes de comunidades afectadas: cuando nuestros esfuerzos comienzan a articular comunidades que se reconocen como víctimas de las mismas empresas y actores, la organización popular se fortalece, así como la intensidad de las reivindicaciones y la creatividad para encontrar caminos. Esta es la experiencia de la red "Tras las huellas de la justicia", en la región minera de Carajás, y especialmente en Piquiá (Brasil).
= Incidencia y denuncias internacionales (VIVAT International): En América Latina, como en otras partes del mundo, los Misioneros Combonianos utilizan la estrategia de las conexiones que pueden dar visibilidad a un conflicto local para que llegue a las instituciones internacionales para la defensa de los derechos. Ya ha habido denuncias de violaciones ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, así como interacciones con los relatores especiales de la ONU, basadas en nuestro trabajo misionero. 

5. Pacto Comboniano por la Casa Común[10]
Durante el Sínodo de la Amazonia, un grupo importante de obispos, laicos, sacerdotes y religiosos celebraron el Pacto de las Catacumbas para la Casa Común y firmaron un compromiso con el objetivo de multiplicarlo en los diferentes territorios de misión. Los Misioneros Combonianos, por iniciativa de los Provinciales de América Latina, también adaptaron este Pacto a la realidad de su presencia y de sus comunidades en el continente y lo relanzaron para su adhesión.
Ha habido celebraciones y firmas de combonianos en algunas regiones y la difusión del compromiso a través de los medios de comunicación y las redes sociales de nuestras circunscripciones. La Alianza Comboniana para la Casa Común se ha convertido así en un instrumento de evangelización y animación misionera, pero también en una responsabilidad para cada uno de nosotros, consagrados a la misión de cuidar y promover la vida, a ejemplo de Jesús.
Más recientemente, el Dicasterio Vaticano para el Desarrollo Humano Integral ha lanzado la iniciativa de un Plan Laudato Si', promovido en perspectiva para los próximos siete años.  Creemos que la inspiración del Pacto Comboniano puede ser una de las vías para comprometernos concretamente, a partir de nuestras opciones pastorales, en sintonía con este Plan Laudato Si'. Por ello, recomendamos que todas las circunscripciones retomen el Pacto Comboni, lo relancen y avancen en la práctica de los compromisos anunciados.

Conclusiones
"Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él da mucho fruto" (Jn 15,5).
El 19º Capítulo General de los Misioneros Combonianos está iluminado por una de las muchas imágenes de Jesús inspiradas en la naturaleza. El Padre, el agricultor, sabe que sólo daremos fruto si permanecemos estrechamente unidos a su Hijo. La encíclica Laudato Si' nos recuerda que esta unión, vivida intensamente en la Eucaristía, es "un acto de amor cósmico". "La Eucaristía une el cielo y la tierra, abarca y penetra toda la creación" (LS 236).
En el discernimiento y las decisiones que tomaremos en este Capítulo, no hay manera de separar la misión comboniana de la grave urgencia actual de cuidar toda la creación: somos ramas, somos tierra (Gn 2,7), "entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra tierra oprimida y devastada, que "gime y sufre dolores de parto" (Rm 8,22)", pero que, si permanecemos unidos a ella, ¡dará mucho fruto!
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
[1] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Informe sobre Desarrollo Humano 2019. http://hdr.undp.org/en/2019-report/download
[2] https://www.nossasaopaulo.org.br/2019/11/05/mapa-da-desigualdade-2019-e-lancado-em-sao-paulo/
[3] Felício Pontes, Seminario Internacional sobre Derechos Humanos y Empresas, 18 de marzo de 2021. https://seminariopovosnatureza.org/. Véase también https://amazonia.org.br/2018/11/belo-monte-o-simbolo-da-relacao-inescrupulosa-entre-o-governo-federal-e-as-empreiteiras-entrevista-especial-com-felicio-pontes-jr/
[4] Tenemos el reto de mantener las emisiones de CO2 por debajo de las 450 ppm, pero en 2020 ya estábamos cerca de las 415 ppm, y estamos aumentando una media de 2,5 ppm al año. El climatólogo Matthew E. Mann predice que en 2036 podríamos superar la temperatura media del periodo preindustrial en otros 2oC, lo que tendría efectos muy graves en todas las dimensiones de la vida: alimentos, agua, salud, tierra, seguridad nacional, energía, prosperidad económica. https://www.scientificamerican.com/article/earth-will-cross-the-climate-danger-threshold-by-2036/
[5] Los datos del INRS (Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales) indican el mayor nivel de deforestación anual desde 2008 en la Amazonía brasileña: 11.088 km² devastados entre agosto de 2019 y julio de 2020. https://noticias.uol.com.br/meio-ambiente/ultimas-noticias/redacao/2021/01/12/estudo-wwf-desmatamento-brasil-amazonia.htm
[6] Pensar lo (im)pensable. El Instituto Ciência e Fé y PUCPRESS hablan de la pandemia con Michel Maffesoli. https://doi.org/10.7213/pensarimpensavel.001
[7] Pensemos, por ejemplo, en la contaminación de ríos y océanos por microplásticos y diversas sustancias químicas, en la alteración de los niveles de nitrógeno por el uso extensivo de fertilizantes en la agricultura, en el aumento de la dispersión de sustancias radiactivas en el planeta tras numerosas pruebas de bombas nucleares y, sobre todo, en el cambio climático.
[8] En Bolivia, para consolidar el derecho a la defensa de la Madre Tierra, entendida como ser vivo, se está proponiendo una ley nacional para la creación de la "Defensa de la Madre Tierra", una instancia independiente que permita la representación institucional de la naturaleza y sus derechos ante el Estado.  Asimismo, se está intentando instituir el delito de ecocidio, estableciendo leyes y sanciones contra las personas físicas o jurídicas que pongan en peligro la existencia o la vida de la Pachamama.
[9] Insistimos en la importancia del consentimiento previo, libre e informado de los pueblos para todos los proyectos que se organicen fuera de ellos. Un ejemplo muy interesante de Plan de Vida es el construido por los pueblos indígenas de la COICA con motivo del Grito del Bosque a finales de febrero de 2021.
[10] http://www.combonianos.org.br/noticias-e-artigos/noticias/256-familia-comboniana-pacto-das-catacumbas-pela-casa-comum  

El perdón cura las heridas provocadas por el resentimiento y renueva las personas, las familias, las comu- nidades y la vida social. El perdón es la clave de nuestras relaciones con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos El perdón es una necesidad. Si no perdono, no puedo ser perdonado. El perdón es un proceso, este es, un continuo crecimiento hacia la libertad interior. No olvidemos que algunas experiencias son tan dolorosas que requieren mucho tiempo transcurrido en el perdón.