Revista Digital Misionera Católica
de los Misioneros Combonianos
en Colombia y Ecuador

Por Profesora Adela Panezo Asprilla Presidenta del Centro de la Mujer Panameña - Capítulo de Los Santos Profesora de Ética y Religión en el ICSV.

Hablar de la historia de la humanidad es reconocer el aporte de la negritud en el desarrollo de la misma, por eso, en Panamá, las y los afrodescendientes hemos sido el principal elemento en la conformación y fortalecimiento de la nación”.
Sin embargo históricamente nuestros aportes han sido invisibilizados y por lo tanto no valorados, por ello, es válida la ocasión para reconocer el liderazgo y las contribuciones que las mujeres afrodescendientes hemos aportado en el desarrollo del país.
En esencia, la mujer afropanameña ha sido y es triplemente explotada por ser mujer, por ser pobre y por ser negra.
A pesar de toda esta situación histórica, social y económica, las mujeres afrodescendientes nos hemos levantado con la frente erguida, sabido salir adelante y convertido en líderes desde nuestros hogares.
Valga la pena recordar que desde la época del trasiego trasatlántico de africanas y africanos a América y la imposición de su esclavitud, nuestras ancestras tuvieron que mantener su fortaleza interior para soportar las violaciones y vejaciones a sus derechos humanos, lo que también las llevó a utilizar su creatividad e ingenio para sobrevivir, aprendiendo a cocinar con las sobras que les daban sus amas; y que hoy día nos enorgullecemos cuando presentamos nuestro selecto estilo culinario, producto de la herencia que nos dejaron nuestras abuelas.
Así también a través del diario vivir ellas se convirtieron en líderes mediante sus aportes en la medicina natural y los remedios caseros, porque no habían hospitales a donde pudiese ir nuestra gente.
Ya no es posible seguir negando el papel participativo de las y los afrodescendientes en la construcción de las naciones americanas y su liderazgo en la música, el arte, las letras, y especialmente el de nuestras mujeres en las danzas, el vestuario y la espiritualidad.
A través de la historia de la república se han destacado ejemplares líderes afropanameñas, que hoy vale el reconocimiento de algunas, como:
1. La insigne educadora Sara Sotillo, líder revolucionaria de la década de 1940; quien fundó el Magisterio Panameño Unido en 1944 y dirigió las luchas docentes, que obligaron al gobierno de turno a crear la Ley Orgánica de Educación Número 47, del 24 de septiembre
de 1946, recogiendo en su esencia las conquistas laborales de los educadores.
2. Felicia Santizo, orgullosa afro colonensa, fundadora de la Escuela de Menores Desajustados Sociales y Emocionales, de comedores escolares para niños desamparados, de campañas de alfabetización y bibliotecas escolares, quien además tuvo tiempo para rescatar el folklore de su tierra natal, dando a conocer el congo.
3. Gumercida Páez, primera diputada mujer de la provincia de Panamá, y primera afropanameña en ocupar tan alta distinción, quien tuvo el honor de ser la segunda vice presidenta de la mesa directiva de la Asamblea, encargándose en noviembre de 1945, de la Presidenta de éste órgano legislativo y junto a otras dirigentes como Esther Neira de Calvo y Raquel Walker de Ducruet, firmaron la Constitución de 1946, la primera Constitución Nacional en reconocerle a la mujer el derecho a elegir y ser elegida a puestos populares.
Sin ánimos de desconocer los aportes de otras insignes mujeres afropanameñas, hago mención de estas porque el legado que nos dejaron aún tiene vigencia en el acontecer nacional y son una muestra de la contribución de mujeres de nuestra etnia en el desarrollo del país.
A nivel nacional e internacional el proceso de formación y lucha de las mujeres ha sido arduo y difícil, pero no es hasta 1992, cuando en el Primer Encuentro Internacional de Mujeres Negras, en República Dominicana, se incorporó el racismo en la discriminación de género; luego en el 2001, en Durban se dio el primer paso para que los gobiernos de la región se comprometieran con la población afrodescendiente y desde entonces se ha venido dando un proceso internacional de actividades lideradas por las Naciones Unidas para atender, visibilizar, denunciar y aprobar acuerdos y acciones con la finalidad de erradicar la discriminación racial, el racismo, la xenofobia y la intolerancia y en todos estos eventos connotadas compañeras afropanameñas han participado.
Panamá es signataria de todos estos convenios y tratados, incluyendo la Declaración de los Objetivos del Milenio y la reducción de los niveles de pobreza a la mitad para el año 2015, que como ya hemos explicado afecta fundamentalmente a la población afropanameña e indígena y no podemos negar que en nuestro país se han dado avances significativos; sin embargo, aún persiste la discriminación y la exclusión del acceso a los derechos socio económicos y al desarrollo.
Con todo esto, debemos tener presente que los principales obstáculos que presentamos las organizaciones afropanameñas son: el de la falta de recursos para llevar a cabo nuestros proyectos y la falta de una verdadera unidad de las organizaciones afrodescendientes.
Toda esta situación nos lleva a replantear el tipo de liderazgo que las organizaciones y en especial las mujeres afrodescendientes estamos llevando hasta el momento.
Por ello es importante plantearse ¿cuál debe ser la forma de liderazgo en la actualidad? para que la mujer afropanameña siga contribuyendo con el desarrollo del país.
Para lograr los cambios que se requieren, a fin de que el país se desarrolle integralmente hay que atacar con responsabilidad y compromiso leal, la superación de los problemas de marginación, pobreza y violencia que vivimos los afropanameños.
Y en esto las mujeres afropanameñas tenemos un gran compromiso y responsabilidad, aunque no solas, pues necesitamos a nuestro lado a los hombres valientes y luchadores para que unamos nuestras fuerzas, enfrentemos los obstáculos y alcancemos la meta de una sociedad digna y más humana en donde todas y todos sin distinción de raza, tengamos derecho a un trabajo digno, a una vivienda confortable, a una educación de calidad, en fin, a una vida realmente digna.
Es fundamental una verdadera unidad, con una visión y misión clara para el desarrollo integral de nuestra gente afropanameña, es importante estudiar con detenimiento y comprometernos a hacer realidad el documento que contiene los "Lineamientos y Plan para la Inclusión Plena de la Etnia Negra Panameña".
Así también debemos seguir insistiendo con el Ministerio de Educación para que incluya en su propuesta curricular la historia y aportes de las afrodescendientes en la enseñanza de la historia nacional, pero para eso, las y los especialistas afropanameños debemos investigar y escribir más de lo que ha sido nuestra historia en relación con el Istmo y todo lo que representó y aún sigue afectando a la diáspora.
Es necesaria y urgente la creación de una Escuela de formación sobre la Historia, el liderazgo, la cultura y tradiciones afrodescendientes, dirigida especialmente a la niñez y la juventud para que desde temprano reconozcan, valoren e identifiquen nuestras raíces étnicas y culturales, y se sientan orgullosos de ser parte de una raza hermosa, valiente y con una gran fortaleza interior.
Por otra parte, es importante que las mujeres afropanameñas nos capacitemos y preparemos para liderar el cumplimiento del gobierno panameño en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, porque cada uno de ellos está dirigido a mejorar las condiciones de pobreza, marginalidad y exclusión que vive una amplia mayoría de nuestra sociedad, en la cual estamos las y los afropanameños.
No hay que olvidar que Panamá es realmente un crisol de razas, en donde todos los pobladores tenemos derecho a esa vida de dignidad y respeto, por lo tanto, si es necesario aprender a convivir, a compartir y unirnos para que entre todos construyamos el país que queremos, que nos lleve al desarrollo integral de toda la población, porque este país cuna de la naturaleza, tiene y ha tenido suficiente riquezas para que no haya pobreza ni mucho menos pobreza extrema.
Entonces ¿cómo debe ser el liderazgo de las mujeres afropanameñas para contribuir al desarrollo de nuestra etnia y por lo tanto del país?
 Un liderazgo con los valores del amor, firmeza, rectitud, dedicación, sinceridad, compañerismo.
 En el cual seamos honestas al reconocer nuestras fortalezas y debilidades, pero también en reconocer las capacidades de las demás compañeras, porque si juntamos todas nuestras cualidades podremos hacer muchas más grandes cosas en bien de nuestra etnia.
 Basado en el predicar con el ejemplo, en la capacidad de organización para lograr los propósitos.
 En mantener siempre ese entusiasmo, fortaleza interior y alegría que nos caracteriza.
 En estar siempre dispuestas al servicio, a saber motivar a los demás con nuestro carisma e inteligencia.
Sabemos que la tarea ha sido y sigue siendo ardua, que aquellos que siempre han impuesto el estilo de vida de nuestra gente, basado en la pobreza material, mental y espiritual, seguirán tratando de
hacerlo, pero los tiempos han cambiado, y actualmente hay todas las condiciones objetivas, cuando contamos con el apoyo de los organismos internacionales, los gobiernos y Estados se han comprometido con la erradicación de la inhumanidad en que hemos vivido, pero definitivamente solo cuando las mujeres que para mí, “somos el alma y corazón de la sociedad” nos unamos, dando
lo mejor de cada una, aprendiendo entre todas, amándonos entre nosotras, para amar a los demás, empezaremos a ver ese mundo que hemos soñado, en donde se nos garanticen nuestros derechos humanos con dignidad, respeto y consideración, empezaremos a ver ese Panamá grande, que Dios
permitió que surgiera desde las profundidades del mar desde hace 3 millones de años, y que por sus aportes al surgimiento y desarrollo de la humanidad merece ser Próspero en todos los aspectos, para que todos sus pobladores podamos tener la alegría, felicidad y bienestar como hijos de un Dios Todopoderoso que ha amado eternamente a este Istmo pequeño en tamaño, pero grande en valores.
  
  

El perdón cura las heridas provocadas por el resentimiento y renueva las personas, las familias, las comu- nidades y la vida social. El perdón es la clave de nuestras relaciones con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos El perdón es una necesidad. Si no perdono, no puedo ser perdonado. El perdón es un proceso, este es, un continuo crecimiento hacia la libertad interior. No olvidemos que algunas experiencias son tan dolorosas que requieren mucho tiempo transcurrido en el perdón. 

PANAMÁ
liderazgo y Contribución de las mujeres Afrodescendientes al desarrollo del país