Revista Digital Misionera Católica
de los Misioneros Combonianos
en Colombia y Ecuador

COLOMBIA
Mons. Rubén Dario Jaramillo, obispo de Buenaventura 
AMENAZADO POR DENUNCIAR LA INJUSTICIA Y LA VIOLENCIA

Monseñor Rubén Dario Jaramillo Montoya, obispo de Buenaventura, en la costa pacífica colombiana, desde 2017, está amenazado de muerte y tiene que moverse desde hace varios meses con escolta policial. Grupos de narcotraficantes y bandas armadas de la región han contratado a sicarios para eliminarlo. 

P. Francisco Carrera

Uno de esos asesinos a sueldo contó a un sacerdote que le habían ofrecido una cantidad de dinero para matar al Obispo porque “está hablando demasiado”. El sicario afirmó que se había negado a aceptar ese encargo porque considera que Mons. Jaramillo se preocupa por las personas pobres y necesitadas como él mismo.
Un periodista que entrevistó a uno de los “capos” de la delincuencia en Buenaventura también salió con la impresión de que los líderes máximos del crimen en la zona del Pacífico habían decidido silenciar de una vez por todas al molesto hombre de Iglesia. Además, por WhatsApp circulan amenazas de bomba contra el Obispo.   
Mons. Jaramillo se ha ganado la animadversión de los narcotraficantes y demás grupos criminales por sus reiteradas denuncias de la situación de pobreza y violencia que se está viviendo tanto en Buenaventura como en Tumaco, Popayán, Guapi, Buenaventura, Cali hasta Istmina, Tadó, Quibdó, Apartadó… y el resto del Pacífico colombiano.
Los índices de pobreza de la región doblan los promedios del país. En muchos lugares, incluida Buenaventura con sus más de 400.000 habitantes, la población no cuenta ni con alcantarillados ni con agua potable, por citar algunas de las carencias más notorias. 
El sufrimiento de la gente se ve incrementado a la enésima potencia por el clima de violencia que impera en la zona. En lo que va de año, se han producido más de 50 asesinatos y 15 “desapariciones”, además del desplazamiento forzoso de más de 8.000 personas y extorsiones sin cuento. 
Toda esa violencia está provocada casi exclusivamente por bandas de narcotraficantes y otros grupos criminales que, ante el abandono y la limitada presencia del Estado, han hecho de la región su campo de operaciones y compiten entre sí por el control del territorio y los negocios ilícitos que generan enormes cantidades de dinero. 
Mons. Jaramillo considera que la ley del silencio impuesta por los carteles del crimen bajo pena de muerte no hace sino normalizar y perpetuar esa situación de pobreza, de dolor y de muerte que la población lleva tantos años padeciendo. Por eso, ha echado sobre sus hombros la carga de denunciar las actividades de los narcotraficantes y demás bandas criminales. Aunque es consciente de que, como él mismo dice, “denunciar es como grabar la propia lápida”, el Obispo siente que no está haciendo sino cumplir con el deber que la Iglesia le encomendó al designarlo pastor de Buenaventura: caminar junto a esa comunidad sufriente, predicando la Palabra y ayudándola a superar las enormes dificultades que enfrenta. 
Mons. Jaramillo, también conocido como el “cura mochilero” por sus incesantes recorridos por las veredas de su diócesis para visitar a la gente, ha tomado como modelo de su servicio pastoral a S. Francisco de Asís. Como el “poverello”, el Obispo de Buenaventura está convencido de que mirar a los pobres y compartir la vida con ellos es la mayor obra que se puede hacer en este mundo. Y, como Jesús, está dispuesto a dar su vida en su defensa.       
  

El perdón cura las heridas provocadas por el resentimiento y renueva las personas, las familias, las comu- nidades y la vida social. El perdón es la clave de nuestras relaciones con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos El perdón es una necesidad. Si no perdono, no puedo ser perdonado. El perdón es un proceso, este es, un continuo crecimiento hacia la libertad interior. No olvidemos que algunas experiencias son tan dolorosas que requieren mucho tiempo transcurrido en el perdón.