Revista Digital Misionera Católica
de los Misioneros Combonianos
en Colombia y Ecuador

ECUADOR
Amistad con los presos

Hno. Albert Aboudou Ablam / Desde GUAYAQUIL (ECUADOR)

Una acción sencilla puede suponer el inicio de una historia. Así ocurrió con la pastoral penitenciaria que desarrolla nuestra comunidad de Guayaquil. Está integrada por laicos y laicas inspirados por el carisma de San Daniel Comboni. El proyecto nació hace diez años después de una visita que los misioneros combonianos y algunos voluntarios hicieron a un joven afro encarcelado en el Centro de Rehabilitacion Social Varones Guayas. Cuando regresaban a casa, escucharon desde las celdas los gritos de los prisioneros: «¡No se olviden de nosotros, no dejen de visitarnos!». Y así empezaron a ir a la cárcel todas las semanas. 
Hay veces que las formalidades para visitar a los presos suscitan temor o miedo. Sin embargo, cuando se superan esos sentimientos y los prejuicios que suscita el mundo carcelario, se empieza a conocer el universo de la prisión y la belleza de trabajar con los reclusos. 
En mi caso, ya había ejercido la pastoral en varias cárceles de Colombia, Togo o Italia. Estas experiencias me ayudaron a impulsar a la pastoral penitenciaria cuando llegué a Guayaquil en 2014. Ahora, junto con los voluntarios, formamos un grupo consolidado. Visitamos todas las cárceles de Guayaquil, en las cuales se encuentran encarceladas unas 12.000 personas.  
Nuestra prioridad es el acompañamiento a los presos para que tomen conciencia de su situación y se dejen ayudar para lograr una adecuada reinserción después de su puesta en libertad. Para ello cuidamos su autoestima y les animamos a valorar su entorno familiar. La experiencia nos ha demostrado que la familia es la que hace de puente entre ellos y la cárcel cuando están dentro. Para potenciar este vínculo, tratamos de facilitarles los trámites para que puedan ver a los suyos. Además, junto a algunos colaboradores, ofrecemos a las familias algunas charlas sobre temas relacionados con el mundo carcelario para que puedan sobrellevar mejor la situación y acompañar mejor a sus familiares. 
A algunos internos se les da también la posibilidad de estudiar desde la cárcel y que puedan ser conscientes de sus deberes y derechos. También organizamos talleres de artesanía y manualidades para que estén ocupados y se sientan valorados por su trabajo. Les maravilla ver el trabajo fruto de sus propias manos, realizado en la mayoría de los casos con materiales reciclados. Esto aumenta su autoestima y les ayuda a superar algunos vicios. 
En todo este proceso no falta un espacio para el acompañamiento espiritual. En la cárcel se percibe con claridad la necesidad de encontrarse con Dios. Por eso, ofrecemos un espacio para la celebración de la Eucaristía, amén de formación bíblica y espiritual. También aquellos internos que desean recibir la Primera Comunión o la Confirmación pueden ir a catequesis durante seis meses. 
Me he encontrado por la calle con algunos antiguos presos. «Hermano, usted me acompañó en la cárcel, ¿se acuerda?». Mi respuesta ha sido siempre una pequeña sonrisa. Luego les pregunto qué están haciendo, y me alegro cuando escucho «Estoy trabajando en tal o cual restaurante, soy vigilante en un aparcamiento o tengo un pequeño negocio». Entonces me doy cuenta de que la clave en este trabajo es ganarnos su amistad y confiar en ellos, porque cada uno es una historia sagrada.