Revista Digital Misionera Católica
de los Misioneros Combonianos
en Colombia y Ecuador

COLOMBIA-ZAMBIA
Ser joven entre los jóvenes para dar vida

Soy Omaira, misionera comboniana colombiana. Desde hace cinco años trabajo en la misión de Zambia, el África Subsahariana. Aprovecho este tiempo de vacaciones en patria para compartirles un poco de mi experiencia misionera con el pueblo zambiano.   
Omaira Martin, CMS

Llegue a Zambia a inicios del 2016. Zambia es un país situado en el sur del continente africano. Tiene una población de 15 millones de habitantes aproximadamente, divididos en 10 provincias. Su capital es Lusaka. 
La lengua oficial es inglés, aunque el país cuenta con 73 lenguas locales en total, entre las cuales 7 son consideradas como lenguas principales: Bemba, Kaonde, Lozi, Lunda, Luvale, Nyanja y Tonga. Todas estas lenguas vienen de las más de 70 tribus que existen en el país, cada una con sus propias tradiciones, creencias, lengua, forma de relacionarse y ver la vida. En Zambia, solo un 6% del total de la población son católicos, los demás pertenecen a otras religiones y denominaciones cristianas. 
En estos cinco años de misión en Zambia, he desarrollado mi ministerio pastoral en la Diócesis de Mongu. Es una diócesis bastante joven, instituida en 1997. Se encuentra en el Oeste del país y tiene unos 90,000 habitantes, de los cuales solo el 5% son católicos. La diócesis tiene 13 parroquias, la mayoría de ellas en zonas rurales y con difícil acceso debido al terreno arenoso. 
Las Misioneras Combonianas han asumido desde hace algunos años la coordinación diocesana de la oficina de catechesis. Es un ministerio pastoral muy interesante y exigente en que trabajé durante dos años junto a otra hermana comboniana, de la cual aprendí muchísimo.   
Catequesis 
Una de las tareas de la oficina es la creación y preparación de material catequético en lengua local e implementación de programas formativos. Cuando llegué a la oficina, mi hermana, junto con un equipo de catequistas, estaban trabajando en el manual de preparación a los sacramentos de iniciación cristiana para niños, que se llama “Sikomora” y consta de dos libros. Ayudar en la edición de este manual me ayudo a entrar en contacto con tantas personas que colaboraron, tanto en escribir temas como en las traducciones y revisión final. Me dio también la oportunidad de conocer algo de su cultura, de la lengua y de su modo de trabajar, así como aportar mi granito de arena y mis dones artísticos en la elaboración de las portadas y otros. 
Más tarde, junto con un equipo de catequistas trabajamos en la escritura de esas mismas catequesis para la radio local. La radio es un medio que llega hasta las zonas más remotas de la diócesis, por eso todo el material de catequesis se adapta para trasmitirlo por radio, en inglés y en lengua local.   Formación de líderes y catequistas 
Otro aspecto muy enriquecedor es la formación y acompañamiento de los líderes y catequistas. Cuando el Obispo entrego “Sikomora” oficialmente a sus parroquias, nosotras nos dedicamos con un equipo de líderes a visitar cada parroquia para dar a conocer a los catequistas la metodología y contenidos del libro, junto con otras herramientas que les permitiera trasmitir el mensaje a los niños de manera eficaz. 
Para mí, esta fue una experiencia única; normalmente pasábamos 4 días en cada lugar. Me sorprendía mucho como los catequistas dejaban todos sus compromisos durante esos días para vivirlos plenamente allí con el grupo, aprendiendo y compartiendo su conocimiento y su fe. 
En el 2017, la Iglesia zambiana celebró 125 años de catolicismo, así que, desde la oficina de catequesis decidimos lanzar una propuesta que consistía en preparar algunos líderes para animar el DOMUND de ese año en sus respectivas parroquias. Fue muy emocionante ver que cada parroquia respondió positivamente a esta propuesta enviando un cierto número de líderes al taller formativo. Al final del taller los participantes decidieron que querían hacer actividades para animar todo el mes misionero en sus parroquias y no solo el día del DOMUND.
  

Pastoral juvenil 
Después de dos años en el campo de la catequesis, me pidieron asumir la oficina diocesana de jóvenes, lo cual para mí era un grande desafío porque incluía la administración del centro juvenil de la diócesis, algo que yo nunca había hecho. Lo recé y lo pensé por algunos días antes de dar una respuesta. Me atraía y al mismo tiempo me asustaba trabajar con los jóvenes a un nivel tan amplio. El apoyo y la confianza de mis hermanas de comunidad fueron decisivas para mí, así como el eco de las palabras de Comboni “Salvar África con África”. En este caso me resonaba mucho “Salvar jóvenes con jóvenes”; siendo una hermana joven, mi corazón me decía que podía conectar con los jóvenes y caminar con ellos en su proceso de fe para que pudieran ser evangelizadores de otros jóvenes. 
Con esa motivación me lance a la aventura y realmente no me arrepiento porque fueron dos años geniales, ricos de experiencias que me ayudaron a crecer como persona y como misionera comboniana. 
En mayo de 2018, el Obispo lanzo oficialmente el año de los jóvenes con el tema: “Jóvenes, fe y discernimiento vocacional”. Ese mismo mes, tuvimos un campo formativo a nivel diocesano y otro más tarde en agosto donde lanzamos nuestro evento principal del año: la peregrinación de la cruz misionera por las 13 parroquias de la diócesis. Esta peregrinación iba acompañada de una serie de temas y actividades a desarrollar. Fue muy emocionante ver como los jóvenes se comprometieron con esta peregrinación; muchos de ellos fueron fieles a acompañar a las distintas delegaciones de las parroquias en la entrega y recibimiento de la cruz. 
Estos fueron momentos muy significativos porque el paso de la cruz involucró no solo a los jóvenes, sino también a sus padres, sus párrocos y demás sacerdotes, a los agentes de pastoral y demás fieles. En mayo de 2019, concluimos el año de los jóvenes con otro campo formativo diocesano en el que recibimos la cruz misionera de regreso. Ahora se encuentra en el centro juvenil.   
Animadores misioneros 
En febrero de 2019, nació el grupo de animadores misioneros, algo que había soñado desde tiempo para los jóvenes de la diócesis. Esto fue posible gracias a la Diócesis de Bolzano, en Italia, que nos apoyó económicamente para llevar adelante los talleres formativos y posteriormente actividades como visitas a parroquias, talleres de formación misionera con otros grupos de jóvenes, una semana de experiencia misionera en octubre de 2019 a 6 parroquias, las más alejadas de la diócesis. 
El grupo empezó con 7 jóvenes y hoy son más de 30 los que han vivido los talleres y se han comprometido de una u otra manera en las distintas actividades. Son ellos mismos quienes invitan y animan a otros jóvenes a ser parte del grupo. Durante la pandemia fueron ellos quienes nos dieron una mano para ayudar a algunas familias vulnerables, llevándoles comida o arreglándoles sus casas ya casi destruidas. Con ellos pudimos llegar a más de 20 aldeas con una campaña de prevención del Covid 19. 
A pesar de las dificultades y desafíos que encontré, tanto en la oficina de catequesis como en la de los jóvenes, siento que todo me ayudó a crecer y a darle mucho más valor a la infinidad de experiencias que me han dado vida. Compartir con ellos me ha hecho soñar y arriesgarme a recorrer juntos caminos que jamás hubiese imaginado.  

El perdón cura las heridas provocadas por el resentimiento y renueva las personas, las familias, las comu- nidades y la vida social. El perdón es la clave de nuestras relaciones con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos El perdón es una necesidad. Si no perdono, no puedo ser perdonado. El perdón es un proceso, este es, un continuo crecimiento hacia la libertad interior. No olvidemos que algunas experiencias son tan dolorosas que requieren mucho tiempo transcurrido en el perdón.