Revista Digital Misionera Católica
de los Misioneros Combonianos
en Colombia y Ecuador

Organizaciones y redes afro en América

Los afroamericanos pasaron de esclavos en la colonia a ciudadanos de segunda categoría después de la abolición en las nuevas repúblicas. Han conservado en el imaginario colectivo la resistencia a la esclavitud y el legado de los rebeldes cimarrones través de las fugas y la creación de los pueblos libres llamados palenques. 

Por P. Rafael Savoia y Alejandro González  o del más débil. 

Los negros participaron activamente en las guerras de la independencia en América Latina. Mantuvieron organizaciones a lo largo del siglo XIX como  las cofradías y los cabildos. A comienzos del 1900 surgen organizaciones afro como la Frente Negra en el Brasil  y los Congresos Panafricanistas promovidos por Marcus Garvey. También se resalta la influencia de los afroestadounidenses Martin Luther King, y Malcolm X. 
A partir de la segunda mitad del 1900, las organizaciones afro iniciaron una efectiva participación política, Se redescubrió una imagen positiva de África, “la auténtica Madre Patria”, con personajes como Jomo Kenyatta de Kenia,  Kenyatta Krumah de Guinea Bissau, Patrice Lumumba del Congo, Thomas Sankara de Burkina Fasso, Mandela de Sudáfrica, entre otros. En América se da una revalorización de las luchas cimarronas y sus líderes: Zumbí de los Palmares-Brasil, Alonso de Illescas en Ecuador, Benkos Biojó en Colombia, Bayano en Panamá, Yanga en México y Satuye líder Garífuna de la isla de San Vicente. 

Movimientos y organizaciones 
Entre los movimientos más significativos de los años 80 se encuentran: el Movimiento Negro Unificado en Brasil, el Movimiento Nacional Cimarrón de Colombia, el INAPE de José Campos Ávila y el Francisco Congo en Perú, el Movimiento Afroecuatoriano Conciencia, el movimiento afroantillano en Panamá,  y OFRANEH de Erasmo Sambolá Zúñiga en Honduras. Este proceso fortaleció las organizaciones y visibilizó líderes como: Celeo Álvarez fundador de la ODECO y promotor de la ONECA en Centro América, Romero Rodriguez  promotor de Mundo Afro Uruguayo, Lázaro Medina de la asociación Camba-Cua en Paraguay, Jorge Medina el primer diputado negro de Bolivia, Jaime Hurtado en Ecuador y Zapata Olivella y Juan de Dios Mosquera en Colombia. 
Algunos partidos políticos y administraciones públicas, sobre todo en los 80, aprovecharon el movimiento negro para captar a sus líderes, ofreciéndoles representaciones supeditadas a las líneas políticas del partido o la administración de turno. En este contexto se gestó una incipiente clase media de profesionales y administradores públicos que aportaron a las organizaciones afro. Las comunidades negras lograron mayor visibilización en la lucha contra la pobreza y la defensa y conservación del territorio con una visión ecológica integral. 
A veces, esta clase media de profesionales afro y funcionarios públicos se ha dejado envolver por las ofertas del liberalismo, en particular por el consumismo. Así lo afirmaba el director de la Revista Raca de Brasil: “el negro es un consumidor voraz, gasta más dinero en ropa que los blancos, porque necesita manifestar su condición social”. 
Hacia finales de 1800 y principios de 1900 gran parte de los gobiernos latinoamericanos plasmaron en sus constituciones el ideario de la nación mestiza (Carlos Castillo) e impusieron el proyecto nación. Fue a partir de 1990 que se lograron espacios en las Asambleas Constituyentes de Colombia, Ecuador, Nicaragua y Brasil. Las nuevas leyes y políticas públicas dieron avances significativos en educación, legalización de tierras colectivas, salud e infraestructura. 
Con ocasión de los 500 años, en 1992 se fortalecieron los movimientos indígenas como CONAIE en Ecuador, Movimiento Zapatista en México, organizaciones indígenas en Bolivia... En este contexto se insertaron las organizaciones afro por tanto tiempo invisibilizadas. 
En la esfera de la administración pública se crean instancias operativas, como PRODEPINE en Ecuador, SEPPIR en Brasil, la Fundación para la Autonomía y el Desarrollo de la Costa Atlántica de Nicaragua- FADCANIC, y la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas que surgió en la República Dominicana. La Academia por su parte ha aportado al crecimiento del movimiento negro por medio de estudios, congresos y, en particular, a través del programa la Ruta del Esclavo. 
En las últimas décadas, organismos internacionales, como las Naciones Unidas, la UNESCO, el Banco Interamericano de Desarrollo-BID, el Banco Mundial-BM, financiaron programas para tener datos y propuestas en vista a implementar políticas públicas. Por ejemplo, el Banco Mundial apoyó en los 80 y 90 algunos procesos, y las estadísticas que de allí emergieron provocaron un compromiso en la lucha contra la pobreza, relacionándola con el “factor raza”. 

El papel de la mujer afro 
En este contexto subrayamos el protagonismo cada vez más relevante de las organizaciones de mujeres afro. Al respecto Alexandra Ocles, diputada afroecuatoriana afirma que: “La Red de Mujeres Afrolatinoamericanas y Caribeñas es fruto del 1er encuentro de mujeres negras que se realizó en la República Dominicana en 1992. El objetivo inicial de esta red fue constituir un espacio de coordinación, de iniciativas, que hagan visibles los problemas de las mujeres negras en materia de identidad, discriminación, salud, trabajo, integración.” 
Entre las figuras más significativas de las mujeres negras en América están: Epsy Campbell, excandidata presidencial en Costa Rica; Dorothea Wilson, presidente de la Red de Mujeres Negras de Nicaragua; en Brasil, Sueli Carneiro, exdiputada y presidenta de GELEDES; Susana Baca, exministra en Perú; Mae Susana, presidenta de la Federación Atabaque en Uruguay;  Mónica Rey, diputada afroboliviana; Eunice Meneses, secretaria ejecutiva de la instancia de coordinación de las organizaciones afropanameñas; Piedad Cordoba, Aura Dalia Caicedo y Sandra Hurtado, Secretaria de la Hermandad de Teología afro de Colombia; Magdalena Lamadrid, de la organización África Vive, y Ruperta Palacios, coordinadora de la pastoral afro de México. 

Las redes 
Ha sido positiva la creación de redes que contribuyen a la interacción y “acumulación de fuerzas”.  Entre las distintas organizaciones negras que integran la alianza se encuentran: la Red de Organizaciones Andinas y la ONECA en Centro América. En 1994, surge la Red Continental de Organizaciones Afroamericanas, promovida por Mundo Afro de Uruguay coordinada por Romero Rodriguez en ocasión del “Primer Seminario contra el Racismo y la Xenofobia” que tuvo lugar en Montevideo en 1994. El objetivo de esta red es el combate contra el racismo y la discriminación por medio de iniciativas continentales y nacionales. 
En 1996, surgió la Red Afroamérica Siglo XXI, que además de recolectar datos quería promover  y fortalecer a la población negra. Consiguió el apoyo de  instituciones como el BID en el marco del “Foro sobre la Pobreza y las Minorías en América Latina y el Caribe”, celebrado en Washington.  
En el año 2000, en San José de Costa Rica, surgió  la Alianza Estratégica Afrolatinoamericana y Caribeña en la fase de preparación a la “Conferencia Mundial de Durban, contra todo Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y todas las formas Conexas de Intolerancia.” cuyos objetivos son: visibilizar la presencia de las comunidades negras, asegurar la igualdad y el acceso a todas las instancias, incorporar perspectivas de género, así como el étnico-racial, y propiciar el empoderamiento y su participación plena.  La Alianza Estratégica organizó actividades hasta el año 2005. 
Para el 2003, se realizaron encuentros de mujeres y hombres afro con cargos políticos y administrativos. Se llevaron a cabo sucesivamente en Brasilia (2003), Bogotá (2004), Limón, Costa Rica, (2005), financiados por el BID PNUD y la  Consulta Inter-agencial Sobre Raza en América Latina (IAC, 2000) 
En 2005, en la reunión en Costa Rica con la presencia de congresistas de 20 países, se creó el Parlamento Negro de las Américas que realizó su primera reunión en Cali en el 2008. Esta iniciativa ha tenido buenos deseos y propuestas que no se han concretizado por falta de financiación, reconocimiento oficial y las contradicciones internas, que la han llevado a un estado de ‘hibernación’, tal y como expresaba Romero Rodriguez en 2007. 
En los años 80 el modelo económico fue cuestionado, aumentó la deuda pública y la burocracia estatal, al punto que, influenciados por el Banco Mundial y el FMI, se impusieron los criterios de desarrollo neoliberales. Las consecuencias fueron graves, en particular para los campesinos negros e indígenas que han ido perdiendo sus tierras a favor de las compañías mineras y agro-exportadoras, consideradas más eficientes. Los movimientos indígenas y afro se han unido en la resistencia contra el neoliberalismo y la globalización, apoyándose en  ONGs como Greenpace en la línea ecologista y en el Foro Social Mundial en la línea social. 
Al perder las tierras, los campesinos se integraban en el mercado como asalariados, especialmente los que a causa de la violencia, como en Colombia, han sido desplazados a las grandes ciudades. Al respecto, el antropólogo norteamericano Norman Whitten Jr., al considerar la situación dramática de los pueblos negros de Ecuador y Colombia afirma: “me di cuenta con claridad de que, cuanto más prospera es un área, mayor es la concentración de los negros en las zonas de pobreza… La desposesión de los negros”, -concluía-, no tuvo lugar a pesar del crecimiento y el desarrollo económico, sino por causa de él.” (Pioneros Negros 1991). 
Gran parte de las bases del movimiento negro se deja inducir por la ideología dominante en la cual la movilización social es irrelevante y se prefiere la idea del esfuerzo y trabajo personal. Cuando algunos afros suben o intentan subir de categoría social, encuentran obstáculos y tendencias racistas. El movimiento negro busca superar estas dificultades en unión con los movimientos indígenas y se constata que existe una sensibilidad en los pueblos de América y sus gobernantes con relación a lo étnico y pluricultural. 
Algunos líderes afro diagnostican un debilitamiento del movimiento negro a nivel continental. Quince Duncan, Comisionado de Asuntos de la Afrodescendencia en Costa Rica, afirma que “el movimiento negro se hace presente según los contextos y se involucra en los procesos a nivel nacional y continental. Se da preferencia a las realidades socioeconómicas de cada país”. 
Concluimos con las palabras de George Reid Andrews, en Afro Latinoamérica 1800-2000: “conforme los afro latinoamericanos continúan ascendiendo a las clases medias de la región, los movimientos raciales serán un actor necesario en los años que vendrán. La historia centenaria de las hermandades religiosas, los clubes sociales y las organizaciones cívicas están lejos de haberse acabado. La política racial, esa parte tan intrínseca a los siglos XIX y XX, seguirá con nosotros hasta entrado el siglo XXI y quizás más allá. Ojalá que no tuviera que ser así.” (Iberoamericana Vervuert, 2007.pág.324-325).  
  

El perdón cura las heridas provocadas por el resentimiento y renueva las personas, las familias, las comu- nidades y la vida social. El perdón es la clave de nuestras relaciones con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos El perdón es una necesidad. Si no perdono, no puedo ser perdonado. El perdón es un proceso, este es, un continuo crecimiento hacia la libertad interior. No olvidemos que algunas experiencias son tan dolorosas que requieren mucho tiempo transcurrido en el perdón.