Revista Digital Misionera Católica
de los Misioneros Combonianos
en Colombia y Ecuador

EDITORIAL
Hermanos todos

El papa Francisco firmó su nueva carta encíclica “Fratelli Tutti” (Hermanos Todos) el pasado día 3 de octubre sobre la tumba de San Francisco de Asís.  El título de la encíclica está tomado precisamente de las veintiocho “Admoniciones” que el Santo de Asís dirigió a todos sus hermanos y hermanas instándolos a la fraternidad y la pobreza en el seguimiento de Cristo y en la escucha fiel de su Evangelio. 
“Fratelli Tutti”, que el mismo Papa presenta como una “encíclica social”, es un llamamiento a una fraternidad y amistad social mundiales, fundamentadas en la pertenencia común a la familia humana, como hijos e hijas que somos de un solo Padre Creador. Este principio unificador constituía, asimismo, la base del “Documento sobre la Fraternidad Humana”, firmado por el Santo Padre y el Gran Imán de Al-Azhar en febrero de 2019. 
Resulta evidente que este último gran documento papal viene marcado por la experiencia de la pandemia del Covid-19. Francisco ha reconocido públicamente que ya estaba escribiendo la encíclica cuando el virus hizo su aparición y azotó a toda la humanidad. Para él, la emergencia sanitaria mundial deja de manifiesto dos verdades innegables: que nadie se salva solo y que ha llegado el momento de construir una única humanidad en la que somos todos hermanos. 
El objetivo de la encíclica “Fratelli Tutti” es precisamente señalar los principios y marcar los caminos a recorrer para la construcción de un mundo más justo y fraterno en todos los ámbitos de las relaciones humanas. 
El documento consta de una breve introducción y ocho capítulos en los que el Papa trata temas tan variados como la globalización y las relaciones humanas, la economía, las migraciones, los populismos, el diálogo y la amistad social entre países, el perdón, la libertad religiosa y el papel de las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo. 
Inspirándose en la parábola del “Buen Samaritano” (capítulo 2), Francisco insiste en que, en una sociedad enferma que da la espalda al dolor y es “analfabeta” en el cuidado de los débiles y frágiles, todos estamos llamados – al igual que el buen samaritano – a estar cerca del otro, superando prejuicios, intereses personales, barreras históricas o culturales. Todos, de hecho, somos corresponsables en la construcción de una sociedad que sepa incluir, integrar y levantar a los que han caído o están sufriendo. 
El Papa señala que la fraternidad y la amistad social son las vías indicadas para construir un mundo mejor, más justo y pacífico, con el compromiso de todos: pueblo e instituciones. Reafirmado con fuerza el no a la guerra y la globalización de la indiferencia,el Santo Padre subraya que un mundo más justo se logra promoviendo la paz, que no es sólo la ausencia de guerra, sino una verdadera obra “artesanal” que implica a todos. Ligadas a la verdad, la paz y la reconciliación deben ser “proactivas”, apuntando a la justicia a través del diálogo, en nombre del desarrollo recíproco. 
En el capítulo final de la encíclica, el papa Francisco invita a las diferentes religiones a ponerse al servicio de la fraternidad para el bien de toda la humanidad mediante una auténtica colaboración entre creyentes, para conseguir el bien de todos, luchando contra tantas injusticias que aún afligen a este mundo y condenando todo tipo de violencia.  
  

El perdón cura las heridas provocadas por el resentimiento y renueva las personas, las familias, las comu- nidades y la vida social. El perdón es la clave de nuestras relaciones con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos El perdón es una necesidad. Si no perdono, no puedo ser perdonado. El perdón es un proceso, este es, un continuo crecimiento hacia la libertad interior. No olvidemos que algunas experiencias son tan dolorosas que requieren mucho tiempo transcurrido en el perdón.