Jeroboam II, descendiente de Jeroboam

Por Eduardo de la Serna

Hace pocos artículos [agosto 2016] hicimos referencia a un rey de Israel llamado Jeroboam. Señalamos allí que fue como una especie de ejemplo de “mal rey” en todo el Norte. “Seguir los caminos” o “hacer como hizo Jeroboam” es sinónimo de decir que fue tan malo como aquel. Unos 150 años después de aquel hubo un nuevo Jeroboam a quien, por cierto, se conoce como Jeroboam II. Así lo dice el texto bíblico:

En el año quince de Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel, en Samaría. Reinó 41 años. Hizo el mal a los ojos de Yavéh y no se apartó de todos los pecados con que Jeroboam, hijo de Nebat, hizo pecar a Israel” (2 Re 14:23-24).

Ahora bien, si el pecado característico del primero fue haber roto con la familia de David, despreciado el Templo de Jerusalén y alentado el culto a los ídolos, con lo que lo se empieza a fracturar la unidad y perder la tierra, no es eso lo que se afirma del segundo.

De hecho, su gobierno se caracterizó por una cierta prosperidad y un tipo de paz exterior que le permitió el progreso, aunque discutible. No obstante el libro de los Reyes sea crítico de este rey, no puede disimular esto y así lo dice:

Él restableció las fronteras de Israel desde la Entrada de Jamat hasta el mar de la Arabá, según la palabra que Yahveh, Dios de Israel, había dicho por boca de su siervo, el profeta Jonás, hijo de Amittay, el de Gat de Jéfer, porque Yahveh había visto la miseria, amarga en extremo, de Israel; no había esclavo ni libre, ni quien auxiliara a Israel. No había decidido Yahveh borrar el nombre de Israel de debajo de los cielos y lo salvó por mano de Jeroboam, hijo de Joás. El resto de los hechos de Jeroboam, todo cuanto hizo y la bravura con que guerreó, y cómo devolvió Jamat y Damasco a Judá y a Israel, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel?” (14:25-28).

Como se ve, por un lado la mirada es positiva (restableció las fronteras, bravura) pero a su vez negativa (“hizo el mal a los ojos de Yahvé”).

Sin duda, recuperar o ampliar las fronteras es algo posible si no hay grandes enemigos externos como serán más tarde Asiria o Babilonia, sino un clima general de armonía. Pero eso no significa “hacer lo que agrada a Dios”, y ese es el punto del “hacer el mal”.

Otros dos grandes profetas hablaron en tiempos de este rey; Oseas y Amós (de los que hemos hablado en otros artículos [octubre y noviembre de 2012]; ver Oseas 1,1 y Amós 1,1). Oseas se enfrenta a la idolatría vigente, algo que – también cuestiona 1 Reyes (eso es “no se apartó de los pecados de Jeroboam”) – y una de las cosas que critica muy duramente (y lo señalamos) es la actitud de creer que Dios está conforme con nosotros por el culto que damos y no por vivir coherentemente con su voluntad. Es lo que se llama un “culto vacío”: es decir, dar culto a Dios pero con una vida vacía de fidelidad. Amós, por su parte, cuestiona al rey por la falta de justicia. También el templo y el culto es criticado (ver Amós 7,9-11) pero en este caso lo que el profeta cuestiona es que en su gobierno los ricos son beneficiados mientras que los pobres no son tenidos en cuenta. Nuevamente un “culto vacío”, aunque en este caso visto no desde la mirada de Dios, como lo hace Oseas, sino desde la mirada de los pobres. Es frecuente que quien habla desde los ricos o los poderosos no sea crítico del gobierno de un rey que los favorece, y entonces se celebre la paz exterior o el cuidado de las fronteras, pero que esto sea muy diferente si se mira desde el lugar del pobre. Un gobierno donde “los ricos son cada vez más ricos a costa de los pobres cada vez más pobres” sin duda será criticado por un profeta como Amós.

Nos encontramos así con un rey valorado por algunos y criticado por otros, como suele pasar con tantos gobiernos.

La mirada de los autores bíblicos, que quiere mirar la historia según los pobres sean o no reconocidos y tratados como verdaderos hermanos y hermanas presenta una mirada alternativa. Un profeta como Amós es expulsado de la tierra por decir cosas que molestan al rey mientras es aplaudido por otros como el sacerdote Amasías (Am 7,10). Parece un buen ejemplo para mirar nuestra realidad y nuestro tiempo y decidirnos a ver con los ojos del Dios de Israel.

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