VATICANO: “Mes misionero”

El Papa Francisco «ha aceptado la petición de convocar, para toda la Iglesia, a un Mes extraordinario dedicado a la oración, a la caridad, a la catequesis y a la reflexión teológica sobre la Misión». El cardenal Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, anunció de esta manera la intención del obispo de Roma de convocar a un tiempo especial dedicado a la misión, «con el fin de poder reavivar en el Pueblo de Dios la conciencia bautismal de la participación de todos los fieles», a la llamada misionera de la Iglesia.  

El prefecto de «Propaganda fide» anunció el visto bueno para un especial «mes misionero» en la relación que pronunció ante más de cien directores nacionales de las Pontificias Obras Misionales, que se encuentran en estos días en Roma para participar en su asamblea anual. Octubre será el mes, según lo anunciado, dedicado a la misión, tradicionalmente dedicado a la «Missio ad gentes». También el año elegido estará lleno de sugerencias relacionadas con la misión: el «mes misionero» será celebrado por toda la Iglesia en octubre de 2019, año en el que cae el centenario de la «Maximun Illud», la carta apostólica «misionera» promulgada por el Papa Benedicto XV el 30 de noviembre de 1919. 

«La celebración», añadió Filoni citando la «Evangelio gaudium», «no se reducirá a la conmemoración de este texto del Magisterio papal, tan crucial para la misionariedad de toda la Iglesia, sino que será, sobre todo, la ocasión para reavivar en todos una verdadera conversión misionera y un auténtico discernimiento pastoral para que todos, fieles y pastores, vivan en estado permanente de misión». 

La red internacional de las Pontificias Obras Misionales, que nacieron a caballo entre el siglo XIX y el siglo XX como asociaciones de fe y que después pasaron a las instituciones que se encuentran bajo el ala de «Propaganda Fide», tienen como objetivo llevar a cabo la obra misionera en el mundo con medios materiales y espirituales, manifestando a las Iglesias locales la preocupación apostólica del Papa y de la Iglesia de Roma. 

«Desde hace algunos años», recordó el cardenal Filoni en su intervención, «el Papa Francisco estimula a las Pontificias Obras Misionales y nos llama a reavivar el ardor y la pasión de los santos y de los mártires, sin los cuales nos reduciríamos a una ong que reúne y distribuye ayudas materiales y subsidios». El prefecto del dicterio vaticano llamado a favorecer el camino de las jóvenes Iglesias también añadió que el deseo de proponer la fuerza misionera del anuncio evangélico «acomuna la preocupación pastoral del Papa Benedicto XV en la «Maximum Illud» y la misionariedad de la exhortación apostólica «Evangelio gaudium». 

De hecho, la Carta apostólica publicada hace un siglo parece tener hoy una carga de fuerza profética arrolladora, con respecto a las dinámicas y a las formas de la acción misionera al servicio del anuncio del Evangelio. En ese documento se encuentran expresiones contenidas en una serie de notas enviadas a «Propaganda Fide» durante algunos años por los misioneros en China. En ellas se describía que intereses nacionalistas estaban difundiendo entre los chinos la percepción de la Iglesia como una realidad para-colonial que servía a los deseos de potencias extranjeras y a la avidez de individuos. Benedicto XV, en la «Maximun Illud», denunció como «tremendo flagelo» para el apostolado misionero «un indiscreto celo por el desarrollo de la potencia del propio país», e insistió en que los misioneros deben cuidar «los intereses de Cristo y de ninguna manera los intereses del propio país». 

Abriendo la carta apostólica, en evidente consonancia incluso léxica con algunas expresiones recurrentes del magisterio del actual Obispo de Roma, Benedicto XV subrayaba que «todos los que trabajan como sea en esta viña del Señor deben saber por experiencia (“experimento cognoscant oportet”) y advertir realmente que quien preside la misión es un padre, vigilante y diligente, lleno de caridad, que con pasión abraza a todos y todo, que se alegra con los suyos en las circunstancias alegres y comparte su dolor en las adversidades, que sostiene y favorece los intentos y las iniciativas loables, que, en suma, considera como propio todo lo que se relaciona con quien le está sometido». 

El llamado a la preocupación paterna de quien guía las misiones también correspondía a razones contingentes, relacionadas con las historias de las «misiones extranjeras» de esa época. Pero resulta particularmente actual en la situación del presente. Ahora que expresiones «bergoglianas» como «Iglesia en salida», «estado permanente de misión», «conversión misionera de las estructuras pastorales», corren el peligro de ser reducidas al arsenal de nuevos conformismos y moralismos clericales, hace bien tener en cuenta que el llamado a una «misionariedad permanente» podría no solo aplastar a los fieles si padres y madres verdaderos no los ayudaran con paterna caridad a llevar el peso de la vida cotidiana, ámbito decisivo y no postergable de la misión cristiana. 

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