BURKINA FASO: Pese a las dificultades, debemos seguir adelante en el camino del diálogo islámico-cristiano

La radicalización generalizada en varias áreas del país; el desafío de los matrimonios entre cristianos y musulmanes; la instrumentalización de la religión; el extremismo violento y las discrepancias entre las autoridades civiles y las judiciales. Estos han sido algunos de los temas tratados por la segunda Asamblea General de la Comisión Episcopal para el diálogo islamo-cristiano que se celebró del 10 al 12 de abril en el Centro Nacional cardenal Paul Zoungrana de Ouagadougou, la capital de Burkina Faso.

Durante el encuentro, los delegados de las diócesis del país reiteraron su compromiso y entusiasmo por el diálogo islámico-cristiano, especialmente en la vida cotidiana, pero tampoco ignoraron las dificultades para hacer frente a los focos de resistencia, al escepticismo y al rechazo que puede generar este diálogo en ambas partes.
Una complicación añadida es la expansión del extremismo violento. A finales de marzo el descubrimiento de un grupo llamado “Seguridad islámica”, -una especie de milicia religiosa-, en Pouytenga, una ciudad 140 al este de Ouagadougou, provocó una fuerte controversia que quedó patente en Internet y en las redes sociales. Después de llevar a cabo una investigación en Pouytenga, la Fédération des associations islamiques du Burkina (FAIB), aseguró a la población que este grupo está al servicio de un movimiento sunita local no armado encargado de proteger a los fieles en las mezquitas y durante las ceremonias religiosas. Sin embargo, el 28 de marzo, el gobierno decidió disolver el grupo.
Las tensiones existentes no deben desalentar a los cristianos y a los musulmanes a continuar en el camino del diálogo. Como dice el padre Arcadius Sawadogo, -Secretario General de la Comisión Episcopal para el Diálogo Cristiano-Islámico-, “nos hemos enfrentado a estas cuestiones para ver cómo encontrar caminos, porque el otro es un hermano al que amar”. Un propósito también subrayado por el Imán Boureima Drabo durante su discurso, muy apreciado por los delegados a la Asamblea. “Estamos llamados a vivir juntos”, dijo, “y debemos aprender a hacerlo”. “Es una obligación, de lo contrario será muy difícil ser feliz en esta tierra. Es aquí donde se preparan el Paraíso y la vida eterna. Si en este mundo no estamos en este lado del espíritu, será muy difícil obtener lo que Dios nos ha prometido para después de la muerte”, concluyó.

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