Pablo VI y Romero serán santos juntos

El papa Francisco ha aprobado los decretos sobre los milagros atribuidos a la intercesión de los dos beatos. Es posible una proclamación común en octubre. Pero, para Romero, sigue existiendo la hipótesis de la JMJ de Panamá. El 6 de marzo de 2018, el Papa Francisco autorizó la promulgación de los decretos que reconocen los milagros respectivamente atribuidos a la intercesión del beato Pablo Vi y del beato Óscar Arnulfo Romero, el arzobispo de El Salvador asesinado mientras celebraba la misa. Para el Papa que guió el carro del Concilio y para el pastor mártir que se ha convertido en símbolo de la defensa de los últimos se han abierto las puertas de la canonización. Lo refirió Stefania Falasca en el periódico “Avvenire”. Y se refuerza la hipótesis de una proclamación durante la misma ceremonia en el mes de octubre, al final del Sínodo de los obispos dedicado a los jóvenes. 
El pasado 6 de febrero, la reunión de los cardenales y obispos del dicasterio expresó unánimemente su parecer favorable, reconociendo el milagro que se debe a la intercesión del Papa de Brescia, es decir el cabal desarrollo de un embarazo de alto riesgo del que nació una niña completamente saludable. El mismo día, los cardenales y obispos aprobaron también el milagro atribuido a Romero, la curación de una mujer que estaba en peligro de muerte debido al parto. 
Durante las primeras semanas de mayo será el consistorio durante el cual el Papa Francisco anunciará a los cardenales la fecha precisa de la canonización. Es probable que se elija un domingo de octubre, y que la ceremonia se lleve a cabo durante el Sínodo de los obispos (instituido precisamente por Pablo VI como ente para ayudar y asesorar al pontífice), dedicado en esta ocasión a los jóvenes.
Pero la canonización de Romero también podría llevarse a cabo en América Latina. Y la celebraría el Pontífice en enero de 2019 en Panamá, durante la Jornada Mundial de la Juventud. Este sería el deseo de los obispos salvadoreños, debido a la importancia del arzobispo mártir en América Latina. El obispo auxiliar de San Salvador, el cardenal Gregorio Rosa Chávez dijo hace un año que la proclamación en Panamá «nos daría el tiempo para trabajar a fondo y obtener eso que yo llamo “el milagro de la paz”».  
Más allá de las decisiones sobre la fecha y la proclamación conjunta en la misma ceremonia (o dislocada con la proclamación de Romero en su tierra), es evidente la sintonía entre los dos nuevos santos. Pablo VI fue un Papa muy atento ante América Latina. Montini participó en 1968 en la Conferencia general del Episcopado Latinoamericano de Medellín, que decretó la opción preferencial por los pobres, volviendo a llamar la atención sobre páginas importantes de la doctrina social de la Iglesia. No se puede olvidar la importante encíclica “montiniana” «Populorum progressio». 
Romero, por su parte, actuaba siguendo el magisterio de Pablo VI y la exhortación apostólica «Evangelii nuntiandi», documento todavía actual y fuente de inspiración para el mismo Papa Francisco. El arzobispo mártir conservaba en el corazón el recuerdo del último encuentro con Montini: «Pablo VI me estrechó la mano derecha y la sostuvo largo entre sus manos, y yo también estreché con mis dos manos la mano del Papa». «Comprendo su difícil tarea –le dijo el Papa Montini–, es un trabajo que puede ser incomprendido y requiere mucha paciencia y fortaleza, pero siga adelante con coraje, con paciencia, con fuerza y con esperanza». El Pontífice se refería a las dificultades y a las incomprensiones que vivió Romero en El Salvador, en donde su cercanía evangélica hacia los pobres y su defensa de los últimos era vista como “marxista”. 

Aunque se lleven a cabo juntas en Roma durante el Sínodo de los obispos de octubre, o por separado (Sínodo y JMJ), las figuras de los dos nuevos santos serán nuevos modelos para la Iglesia, especialmente dedicados a los jóvenes. 

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